viernes, 31 de julio de 2020

Cuestión de pelotas

Hace ya cinco años ¡cómo pasa el tiempo! abandoné mis modestas tareas en la política municipal, coincidiendo justamente con la llegada de yaya Manoli al consistorio de la capital en junio de 2015. Al principio lo echaba de menos, lógico, pero el paso del tiempo aporta una sana perspectiva que permite apreciar variados detalles que, inmerso entonces en la vorágine, me pasaban desapercibidos. La consabida disciplina de partido es algo curioso. No es algo que se reclame únicamente ante una votación, es un extraño compañero de viaje que sugiere (o impone directamente) y que favorece el pensamiento único... salvo que uno se mueva e irremisiblemente se vea relegado a no salir en la foto, Fonsi Guerra dixit años ha. Estando todos en un mismo, espeso e influenciador ambiente, el subconsciente juega malas pasadas: te ofuscas en las pajas de los otros, con perdón, y no te coscas de las vigas propias. Tras muchos años de trabajo, una buena temporada en dique seco y siendo consciente del número en aumento de vigas, decidí revocar mi afiliación al Partido Popular.

Al margen de esta inicial reflexión, pues la falta de práctica me atenaza y no sabía muy bien cómo empezar este artículo, diré que me aterra el presente panorama político de nuestra España. No voy a enumerar las causas por las que, en mi opinión, se debería fulminar al gobierno actual... fulminación democrática ¿eh?, que hay mucho malpensado. No me entretendré en el engaño sobre el que se creó y diariamente se sustenta el gobierno Sánchez, en la incorporación al gabinete de rancios comunistas ideología caduca y ampliamente superada, en el apoyo recabado a delincuentes, separatistas y terroristas y las hipotecas contraídas con todos ellos, en los desaires chulescos y barriobajeros de presidente y vicepresidente hacia todo aquél que no resulte de su cuerda, en la utilización arbitraria de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, en la vergonzosa manipulación y control del poder judicial mediante jueces-peones y la Fiscalía General del Estado, en el intento de supresión de la libertad de enseñanza, en la enemistad manifiesta contra la iglesia católica, en el adoctrinamiento constante desde la mayoría de los medios de comunicación, en el beneficio sistemático de amiguetes con dinero público que no es de nadie, claro, esto “lo dixit” la ínclita Carmen Calvo, a la sazón vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática del Gobierno de España, ahí queda eso… y no cuento más por interminable y aburrido. En definitiva, se trata de la evidente destrucción de España, nuestras instituciones, principios y valores.

Después del párrafo anterior, si habéis llegado hasta aquí os dejo un rato para que cojáis aire.

Retomo. Como decía, no me entretendré en ninguna de estas cualidades que adornan a nuestro gabinete. Valga, simplemente para mi deseo de fulminación y no es baladí, el hecho de su ineficacia. Se trata del Gobierno menos preparado, más tendencioso, propagandista y manipulador de la democracia. Sus repulsivos circos mediáticos son su única obsesión. El repetitivo “Aló Sánchez” durante el confinamiento, sin apenas mensaje pero interminables minutos chupando cámara así lo demuestra. No importan los muertos, solo los aplausos. Ayer a sanitarios, luego a policías y guardias civiles menos a los de Galapagar, que están muy ocupados, y hoy aplaudimos si nos rescatan y lo repetimos en el congreso aún saltándonos la norma de aforo pactada entre todos. Aplauso al fracaso. Incomprensible pero adoctrinador.

Así las cosas, y aunque no lo creáis me he contenido mucho en la enumeración, es más que comprensible el hartazgo de Santiago Abascal y su reciente anuncio de una moción de censura allá en período poscanicular. Mal que nos pese, la fuerza política que él dirige es la única que está desarrollando una verdadera oposición, seria y descarnada, sin miedos ni complejos y amparándose siempre en cuanta herramienta legal tiene a su alcance. Chapeau, Santi.

Anda que no me he enrollado hasta llegar al tema que quería tratar: la moción de censura anunciada por Vox. En el Partido Popular se han apresurado a anunciar que no la secundarán y varios de sus voceros ya entonan el mantra genovés: se trata de una moción de censura que favorece y afianza a Sánchez. Supongo que no lo han meditado en demasía: las últimas dos mociones de censura que yo recuerdo, contra el gobierno de Rajoy, no le favorecieron ni afianzaron precisamente. Va a ser que las mociones favorecen al que gobierna si este es de izquierdas y le perjudican si no lo es. En el parvulario así se llamaba en mi época, ahora ni idea desarrollé razonamientos más sólidos y trabados.

La moción de censura de Vox está abocada al fracaso; unos elementales conocimientos matemáticos lo vaticinan: no suman los votos suficientes ni de coña. Entonces ¿presentar esta moción con estos mimbres a qué cesto final pretende llevarnos? No estoy en la cabeza de Santi y, por tanto, desconozco sus motivaciones y razonamientos, pero a mí me parece una buena estrategia.

En primer lugar, se evidencia que una gran parte de España −recordemos, a pesar de que siempre se intente minimizarlo, Vox es la tercera fuerza política nacional con 52 diputados y más de 3,6 millones de votantes− está en contra del actual gobierno y su demostrada ineptitud. No creo equivocarme si afirmo que son muchos más los españoles en idéntica situación, no solo los votantes de Vox. Varias encuestas en estos días y en distintos medios así lo apuntan. Satisfaría a muchos españoles con independencia del resultado final.

En segundo lugar, soy un viejo romántico y añoro aquella época en la que el centro-derecha convivía unido bajo las mismas siglas. Un leve conocimiento de la Ley D’Hondt, el discutible sistema de proporcionalidad en el reparto de escaños utilizado por nuestra ley electoral, nos demuestra que concurrir juntos a las elecciones es mucho más favorable en número final de escaños que una alianza poselectoral, pues este sistema favorece a las formaciones más votadas. Es más que probable que una alianza de PP+Vox+C’s para acudir a unos comicios generales, fuese acreedora de la mayoría absoluta. Que estos partidos se uniesen también el próximo septiembre en la moción anunciada por Vox, mostraría un músculo muy a tener en cuenta, ilusionaría a la España que ahora contempla aterrorizada la deriva de la nación y probablemente preocuparía a la izquierda. Todo ventajas.

Por tanto, como ese viejo romántico que soy y que os anunciaba un párrafo más arriba, espero que el calor de agosto no cueza más cerebros de los ya recalentados y que se imponga la lógica. Es cuestión de remangarse. Es cuestión de definirse de una vez y dar un paso al frente. Es cuestión de pelotas… al menos las que están ahora mismo en el tejado de Génova, 13.

Juanma García Gay