miércoles, 23 de octubre de 2013

Negro absoluto



Siempre me ha sorprendido la capacidad mutante del abogado que puede ejercer de fiscal o defensor según quién se adelante a llenar sus bolsillos. Es la evidencia de la imperfección, de la volubilidad y de la perversión tanto de las leyes como del alma humana. Si nada es verdad ni mentira, si todo depende del color de una lente, de una perspectiva o interés… ¿no hay valores absolutos? Me niego a aceptarlo.

La sociedad necesita regularse, trazar normas y límites que no se deben traspasar y corregir con mano firme a quien no respete estos convenios. Habrá quien pida el ojo por ojo y quien abogue por el indulto o la falacia de la reinserción; quien ampute las manos del ladrón o ahorque al homosexual; allá cada cual con las reglas que diseña y acepta. No son más que códigos de mera aplicación mecánica: a este acto aquél castigo. Ya vendrá después, como apunté al principio, quien quiera hundir un agravante, suavizar un atenuante o diluir un eximente. De acuerdo, me lo trago, acepto que hay mil tonos de gris. Pero el negro es siempre negro. Negro absoluto.

Quien mata a sangre fría o viola a su semejante ¿mantiene unos derechos que ha quebrado en la carne de sus víctimas? Mi opinión es clara al respecto y cuando las normas de las que nos dotamos permiten que un cruel asesino, un sádico violador o el más abyecto hijo de la gran puta se beneficie aunque sólo sea de un puñado de minutos de libertad que no merece es que algo falla.

Se me ve el plumero, lo sé. Y seguro que quien de leyes entienda verá una blasfemia en mis palabras. Pero yo solo sé de sentido común, de que no se puede consentir que una hija de puta (¿me estoy repitiendo?) responsable de la muerte de 24 inocentes y condenada a 3.828 años de cárcel esté hoy caminando por la calle quizás a escasos metros de mis hijos. Sólo sé que un desecho como el Rafita, responsable de violar a una pobre disminuida y atropellarla después hasta la muerte, esté hoy conduciendo tal vez por las mismas carreteras que mi mujer o mis sobrinas. Un cabrón que es detenido recurrentemente por su reincidencia en el delito y que esta mierda de justicia (no merece una J mayúscula) también reincide en su estulticia de dejarlo suelto.

No creo en la reinserción de quien nunca ha estado dentro de la sociedad, de aquél que no se ha arrepentido de infligir tanto dolor. No creo que el que satisface sus deseos en la inocente carne de un niño merezca la libertad, que quien profana a una mujer deba pisar una calle. Las segundas oportunidades y el perdón sólo en algunos casos de gris… pero el negro es negro, negro absoluto.

Hoy quiero estar con las familias de las víctimas. Intentando imaginar, osadía la mía, el dolor que a la pérdida de sus seres queridos suman contemplando a sus asesinos en la calle. Una vez más: algo falla cuando las leyes se estrellan frontalmente con el sentido común y cuando la sociedad no es capaz de protegerse a sí misma.

Juanma García Gay