domingo, 4 de noviembre de 2012

La falacia de la crítica "constructiva"


Que no, que no me lo creo, que nadie intenta construir cuando critica. Más bien todo lo contrario. Cuando de nuestra boca sale un reproche, una reprobación, una crítica al fin y al cabo, estamos expresando nuestro deseo de que algo cambie. Lo podremos hacer con mejor o peor talante (con perdón), de forma más educada o cual boca de verdulero, con sencillez o vehemencia, pero nunca construyendo. Bien es cierto que una opinión contraria a la nuestra si está expresada con finos modales hiere menos e incluso puede ser tenida en cuenta, algo que de otra forma es casi imposible: cuántas veces hemos afirmado que alguien ha perdido la razón que poseía por las formas de expresarla.

Y dicho esto, quiero escribir que estoy cansado de las críticas que escucho en boca “de los nuestros”. Que si Rajoy es esto o aquello, que si lo hace mal o peor con aquello o esto, que si se equivoca, que si sus ministros no son o deberían ser. Un auténtico coñazo, vamos.

Bien está que “los de enfrente” se desgañiten en la crítica, y más en esta legislatura en la que no tocan bola, pero nosotros… nosotros… y hacia nosotros mismos… que no.

En España debería existir un partido político por habitante. Ya lo dice el refrán: “La opinión es como el trasero (mira qué fino he estado, que el refrán no es así), todo el mundo tiene uno”. Ciertamente todos somos médicos y aconsejamos a nuestros familiares y amigos, todos somos arquitectos y destripamos edificios, todos somos entrenadores de fútbol y conocemos sin atisbos de duda la alineación perfecta de nuestro equipo del alma. Y en política más.

Por supuesto que yo no comulgo con todo lo que se está haciendo desde nuestro Gobierno y desde nuestro partido o tal vez con la forma en la que se está haciendo, como quizás la mayoría de nuestros afiliados. En lo que sí estoy totalmente de acuerdo con Mariano Rajoy –ya lo dijo en su única entrevista en TVE–, es en que no lo sabemos vender, no sabemos comunicar a la opinión pública lo que estamos haciendo y sobre todo por qué lo estamos haciendo (yo, en mi hipotético partido político unipersonal no solo lo afirmaría, tomaría cartas y muchas en el asunto). Es nuestra asignatura pendiente, que ya huele, y no sé cómo no se intenta solucionar con todos los medios a nuestro alcance… pero esto es otro asunto.

“Los de enfrente” son camaradas, actúan como una piña, apenas algunos trapillos dejan traslucir fuera de su casa. A ver si aprendemos. No me vale eso de que nosotros estamos más preparados y somos más críticos con nuestra propia gestión. Es el momento, rodeados de vacas famélicas, de apoyar a nuestro partido y a nuestro Gobierno sin fisuras. Sobre todo ahora que, por fin, algunos indicadores parecen dejar un pequeño hueco a la esperanza. Dejemos que se haga el trabajo y apoyemos a “los nuestros”. Ya habrá tiempo de lavar trapos, si procede, a puerta cerrada. Por el bien de España.

Juanma García Gay