lunes, 10 de diciembre de 2012

Prestige sanitario

Acaba de cumplirse el décimo aniversario del hundimiento del Prestige y todos lo tenemos muy fresco en la memoria. Lo que este hecho supuso, además del desastre ecológico, fue un perfecto ejemplo de la manipulación mediática y agitación de masas por parte de la izquierda. El movimiento Nunca Mais, engendrado y alimentado desde la más rancia izquierda a la que me refiero, nunca enarboló la bandera de la razón sino la de la fibra sensible y la del populismo en su mayor dimensión. Cuando se produjo el desastre, el PSdeG y el BNG se lanzaron en una brutal campaña contra el PP al que culparon injusta y deliberadamente de una mala gestión de los hechos. Toda la experiencia agitadora de este sector político bulló generando toneladas de espuma y salpicando el sentimiento de gallegos y resto de españoles a los que se advertía de haber perdido la preciosa costa gallega de las Rías Bajas para siempre, su economía y su sustento durante generaciones… y todo ello por la irresponsabilidad única y exclusiva de la aborrecible tropa del PP, de la que se pidió el linchamiento insistentemente y sin rubor alguno. Incluso Pérez Touriño capitaneando ya el nefasto bipartito que gobernó Galicia de 2005 a 2009 quiso seguir obteniendo rédito electoral y leña del árbol caído. Para ello encargó un estudio a la afín Universidad de Santiago que, sin embargo, no pudo darle la razón. Aquél estudio avaló una por una todas las actuaciones del PP gallego y del gobierno de la nación en la gestión de la crisis y, aún más, terminó por asegurar que de no haber sido por lo acertado de estas decisiones el desastre producido por el hundimiento del Prestige podría haber resultado de dimensiones mucho mayores. La reacción de Pérez Touriño fue ocultar y vetar el informe, esconderlo porque no le interesaba que el pueblo gallego supiese la verdad… si esta no era favorable a sus intereses personales y de partido. Lamentable, sí, pero muy esclarecedor. Es el comportamiento habitual de esta izquierda inmoral que “disfrutamos” en España. Con el tiempo ha quedado al descubierto toda aquella maniobra y lo rastrero de su fundamento pero ¿se ha escuchado a algún responsable de la misma pedir disculpas en público? ¿Se ha retractado Nunca Mais de tan vergonzosa actuación si es que aún existe este colectivo?  Cuando el Tribunal de Estrasburgo o la propia Abogacía del Estado, entre muchos otros, respaldaron la gestión que el PP llevó a cabo de la crisis del Prestige nadie pió. No les interesaba reconocer su innoble manipulación y mucho menos al andar por entonces todos ellos inmersos en otro de sus afamados ejercicios: la manipulación torticera de la guerra de Irak.

En estos días estamos asistiendo a otro lamentable espectáculo de agitación, esta vez en torno a la sanidad madrileña. De nuevo se acude a la mentira y al miedo como armas arrojadizas contra el PP regional y nacional. Se amenaza a la ciudadanía con la pérdida de servicios hospitalarios, con la merma de calidad en los mismos, con el cierre de hospitales, con el ánimo de lucro de las posibles empresas adjudicatarias de la gestión de los hospitales... Es comprensible el miedo de cualquiera de nosotros al ser bombardeados con un tema tan vulnerable y personal como la salud y su atención. La maquinaria izquierdista ha encontrado una nueva punta de lanza para ganar en la calle lo que las urnas le vienen negando tozudamente y a ello se dedican con esmero.

Podría admitir un debate argumentado sobre la conveniencia o no de la gestión pública o privada de la sanidad, ésta siempre pública. Pero a lo que estamos asistiendo en las últimas semanas es a un nuevo intento de linchamiento político, sin argumentación científica ni económica y con claro interés de alarmismo social. Es, a todas luces, un Prestige sanitario.

Desde el PP se está defendiendo la gratuidad, universalidad y calidad de la sanidad madrileña pero los agitadores hacen oídos sordos y difunden una versión torcida e interesada, no acorde a la realidad. La sanidad madrileña es la mejor de España (así lo evidencian numerosos marcadores, entre ellos el índice de satisfacción de los usuarios), es la primera que garantiza la libre elección de médico y hospital. Lo cierto, y es la única premisa del PP madrileño, es que para mantener estos parámetros de gratuidad, universalidad y calidad hay que realizar cambios porque, hoy por hoy, sin ellos la sanidad madrileña tal y como la conocemos es inviable.

Se trata de aplicar la eficiencia de la gestión privada a la sanidad pública, en ningún caso de privatizar literalmente la sanidad. Se trata de hacer lo mismo que hasta ahora pero con menores recursos. Se trata de garantizar la calidad de los servicios sanitarios madrileños. Se trata de adaptarse a los nuevos tiempos y sus exigencias y no permanecer absurda e interesadamente inmovilistas.

Los detractores de estos planes e impulsores de las protestas están luchando en gran medida por mantener sus propios privilegios. No es coherente defender durante media jornada la sanidad pública aun sabiendo que es deficitaria… y utilizar la otra media para generar sustanciosos emolumentos en la sanidad privada. Según publica la prensa, los doctores Daniel Bernabeu Taboada y Cristobal López-Cortijo saben mucho al respecto.

No parece lógico que la izquierda se empeñe en denostar en Madrid lo que luego lleva a cabo donde gobierna. O ¿es que reniegan de los 17 hospitales andaluces en los que se aplican criterios de gestión privada? Seamos serios, señores de la izquierda, que está en juego la tranquilidad de muchos usuarios de la sanidad pública. Afortunadamente lo que no está ni estará en juego es su salud, al menos mientras las responsabilidades de gobierno recaigan sobre el Partido Popular.

Juanma García Gay

domingo, 4 de noviembre de 2012

La falacia de la crítica "constructiva"


Que no, que no me lo creo, que nadie intenta construir cuando critica. Más bien todo lo contrario. Cuando de nuestra boca sale un reproche, una reprobación, una crítica al fin y al cabo, estamos expresando nuestro deseo de que algo cambie. Lo podremos hacer con mejor o peor talante (con perdón), de forma más educada o cual boca de verdulero, con sencillez o vehemencia, pero nunca construyendo. Bien es cierto que una opinión contraria a la nuestra si está expresada con finos modales hiere menos e incluso puede ser tenida en cuenta, algo que de otra forma es casi imposible: cuántas veces hemos afirmado que alguien ha perdido la razón que poseía por las formas de expresarla.

Y dicho esto, quiero escribir que estoy cansado de las críticas que escucho en boca “de los nuestros”. Que si Rajoy es esto o aquello, que si lo hace mal o peor con aquello o esto, que si se equivoca, que si sus ministros no son o deberían ser. Un auténtico coñazo, vamos.

Bien está que “los de enfrente” se desgañiten en la crítica, y más en esta legislatura en la que no tocan bola, pero nosotros… nosotros… y hacia nosotros mismos… que no.

En España debería existir un partido político por habitante. Ya lo dice el refrán: “La opinión es como el trasero (mira qué fino he estado, que el refrán no es así), todo el mundo tiene uno”. Ciertamente todos somos médicos y aconsejamos a nuestros familiares y amigos, todos somos arquitectos y destripamos edificios, todos somos entrenadores de fútbol y conocemos sin atisbos de duda la alineación perfecta de nuestro equipo del alma. Y en política más.

Por supuesto que yo no comulgo con todo lo que se está haciendo desde nuestro Gobierno y desde nuestro partido o tal vez con la forma en la que se está haciendo, como quizás la mayoría de nuestros afiliados. En lo que sí estoy totalmente de acuerdo con Mariano Rajoy –ya lo dijo en su única entrevista en TVE–, es en que no lo sabemos vender, no sabemos comunicar a la opinión pública lo que estamos haciendo y sobre todo por qué lo estamos haciendo (yo, en mi hipotético partido político unipersonal no solo lo afirmaría, tomaría cartas y muchas en el asunto). Es nuestra asignatura pendiente, que ya huele, y no sé cómo no se intenta solucionar con todos los medios a nuestro alcance… pero esto es otro asunto.

“Los de enfrente” son camaradas, actúan como una piña, apenas algunos trapillos dejan traslucir fuera de su casa. A ver si aprendemos. No me vale eso de que nosotros estamos más preparados y somos más críticos con nuestra propia gestión. Es el momento, rodeados de vacas famélicas, de apoyar a nuestro partido y a nuestro Gobierno sin fisuras. Sobre todo ahora que, por fin, algunos indicadores parecen dejar un pequeño hueco a la esperanza. Dejemos que se haga el trabajo y apoyemos a “los nuestros”. Ya habrá tiempo de lavar trapos, si procede, a puerta cerrada. Por el bien de España.

Juanma García Gay

lunes, 5 de marzo de 2012

Agua, matemática y teatro


Soy coordinador de un colegio electoral desde hace tantos años que ya ni lo recuerdo. Fue una de las primeras tareas que me fue encomendada cuando me afilié al Partido Popular y aún sigo ejerciéndola con verdadero agrado. Tanto es así que participo, elección tras elección, en el equipo de formación de Interventores y Apoderados de la Regional de Madrid. La L.O.R.E.G., los escrutinios, las mesas asistidas electrónicamente, las actas de constitución, de escrutinio y de sesión, los votos blancos y los nulos, los censos, los sobres y las papeletas… son mis amigos, mis compañeros de muchas largas tardes de cursos de formación y de jornadas electorales de principio a fin.

Según mi experiencia, cuando en alguna mesa electoral se alcanza la suma de 800 votos escrutados se puede concluir, sin miedo alguno al error, que la mesa ha tenido una altísima participación. Lo habitual sin embargo es que las urnas contengan cantidades muy inferiores, incluso menores a los 400 votos. Téngase en cuenta para más adelante.

El pasado domingo se ha celebrado en las calles de Madrid y en varios municipios de la comunidad, una original “Consulta Social” (así la han bautizado sus organizadores) en contra de la privatización de una parte del Canal de Isabel II de Madrid. Y creo que tildándola de original resulto verdaderamente cauto en el epíteto. Cuando uno hace una “consulta” lo que quiere saber es la opinión del consultado, digo yo. Pero si ese uno pone una mesa a la sombra de un cartel que reza: “El agua no es un negocio”, “Sí al agua pública”, “No a la privatización”…, ese uno, repito, no está consultando nada. Lo que está haciendo es recabar firmas en apoyo de su causa.

Cuando se recogen firmas en contra de la fiesta de los toros, contra la subida del I.V.A. o contra la sobrexplotación de los jureles en los bancos de pesca del lago de El Retiro, nadie firma a favor ¿o sí? Pues no, oiga, que no. Si no estás de acuerdo no firmas y en paz. Sin embargo los de la “Consulta Social” son tan originales que han recogido, según confiesan, nada menos que 1.227 votos a favor de la privatización. Curioso, aunque supone menos de un 1% de las consultas que dicen haber recogido.

La “Plataforma contra la privatización del Canal”, que hasta en el propio nombre avisa de su “imparcialidad” en la consulta, ha coordinado esta iniciativa. A esta plataforma pertenecen o han colaborado con ella colectivos como el sindicato CC.OO., partidos políticos como Izquierda Unida, Izquierda Anticapitalista o Equo, Ecologistas en Acción, distintas asociaciones de vecinos e infinidad de las denominadas Asambleas Populares del 15-M de distintos barrios y municipios de Madrid. El resultado de la Consulta Social ha sido “todo un éxito”, según han declarado estos organizadores. En las 293 mesas escrutadas cuando redacto estas líneas, han votado 167.710 ciudadanos de los cuales 165.860 lo hicieron en contra de la privatización, 1.227 a favor y el resto fueron votos blancos y nulos. Como en las elecciones serias, oye tú.

Pero… vamos a echar unos numeritos. Resulta que las mesas estuvieron abiertas según sus propias instrucciones a lo sumo de 11 de la mañana a 6 de la tarde, un total de 7 horas y recuerdo que el domingo fue un día lluvioso en la comunidad de Madrid. Sin tener en cuenta las mesas que se levantaron antes de terminar su jornada electoral y suponiendo un goteo (sin coña ¿eh?) constante de electores, la media de los mismos supera nada menos que los 572 electores por mesa. Esto implica que se acercaron unos 82 electores por hora a cada mesa de consulta. No es una cifra desdeñable si tenemos en cuenta que en unas Elecciones Generales, un divertimento muy parecido a esta “Consulta Social”, la media de electores por mesa y hora puede oscilar entre 35 y 70 en el mejor de los casos. Se me antoja que recoger casi 600 votos en mesas como la instalada en Becerril de la Sierra o incluso en la de Colmenar Viejo, Mejorada del Campo, Galapagar o Zarzalejo (1.513 habitantes censados en 2011) ha resultado una tarea titánica. Y había mesas nada menos que en 50 municipios de la comunidad además de en los 21 distritos de la capital. Las mesas del distrito de Salamanca de Madrid, datos que conozco de primera mano, más bien de primer ojo, tuvieron una afluencia muy reducida salvo una de ellas y en momentos muy definidos, algo que no supuso más allá de una centena de electores. Estas mesas, como muchas otras de las que tengo noticia, no pudieron nunca alcanzar las medias de las que presume la plataforma organizadora. De ello se deduce que otras mesas tuvieron que superar con creces los 900 o 1.000 votos, a una media de más de 140 votantes a la hora. Desde aquí doy mi más sincera enhorabuena a los organizadores del evento que lograron atraer, inscribir, anotar y hacer firmar a un vecino cada 22 segundos sin perder el resuello durante siete horas… ¡venga ya!
 
Es absolutamente lícito oponerse a una medida como la privatización de una parte del Canal de Isabel II, faltaría más. Pero el teatro, todo un arte, debe ser obra de profesionales; el aficionado es muy propenso a la sobreactuación.

Juanma García Gay