domingo, 20 de febrero de 2011

Mayusculitis

Induce a error, ya lo sé. El palabro mayusculitis vendría a suponer algo así como una inflamación de la mayúscula o el mayúsculo, que de todo hay y más tras la aplicación de la ley de igualdad. Y aunque casos habrá –supongo inconfesables– más bien parece un choteo, sorna o chiste que en verdad no es mi intención. Podría haber titulado esta reflexión como “Patología de la mayúscula”, pero se me antoja pedante y pretencioso; lo desecho. Lo más aproximado a lo que quiero expresar sería otro palabro: mayusculofilia… ¿o sería mayusculafilia? Ante la duda lo dejo como está.

Mi amigo Eduardo se quejaba la otra tarde de esta afición tan extendida y al mismo tiempo tan condenable, del exceso en el uso de la mayúscula. Y tiene toda la razón. Confieso que después de nuestra charla, ignorante de mí, acudí a la RAE para intentar refrescar conocimientos… si es que alguna vez los tuve. La regulación del uso de mayúsculas está perfectamente definida y su desconocimiento nos empuja a una mala aplicación de la denominada mayúscula de respeto. Cada vez que queremos enfatizar, dignificar, remarcar, distinguir… recurrimos a la mayúscula y nos quedamos tan anchos. Internet y su laxitud, espacio en el que todo vale, propicia que cualquier conato de escritor, como es mi caso, se aventure a plasmar sobre un papel –electrónico, eso sí– cualquier ocurrencia sin más limitación que su autocontrol. No pretendo acabar sentado en un sillón de la Academia (aquí está bien la mayúscula) pero, al menos, intento no pegar muchas patadas a las reglas gramaticales de la misma.

Eduardo, en nuestra charla, hizo referencia a un par de ejemplos esclarecedores: la Guardia Civil y los guardias civiles; la Política y los políticos. Si el primer caso no me ofreció ninguna duda el segundo sin embargo me indujo alguna que otra reflexión. Y tal vez se trate de ideas fuera de contexto o sin mayor alcance, sin más sentido que el de la propia imaginación. Fuera del tiesto, vaya, pero ahí van.

Pensé en la Política, con mayúscula, digna y altiva, que el mismo diccionario de la RAE define en su séptima acepción como el Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. ¿Cómo no se va a escribir con una P bien grande?

Sin embargo el comportamiento de los que nos creemos políticos, con minúscula, la degrada. Nosotros mismos acarreamos la mácula, la condena de la letra chica, el ninguneo merecido de quien denosta y envilece esa noble P. Leo los periódicos y me asquea lo que encuentro. Oigo la radio y me ruboriza lo que escucho. Mis vecinos se me alejan –“los políticos son todos iguales”– y no encuentro mucho argumento para rebatir. Y no me vale que los peores sean “los de enfrente”. Un solo caso entre “los nuestros” ya es lamentable.

Creo que se impone una profunda reflexión sobre qué estamos haciendo y cómo lo perciben los ciudadanos… o acabaremos escribiendo política, con una triste y bien merecida p minúscula de la que todos seremos responsables.

Juanma García Gay