domingo, 6 de febrero de 2011

En mi nombre ¡NO!

Con esta sencilla frase cerraron ayer, día 5 a las 5, sus emocionadas y emocionantes intervenciones cada uno de los intervinientes en el escenario de la manifestación convocada por VCT (Voces contra el Terrorismo). Todos ellos víctimas del terror, viudas de asesinados, hermanos de asesinados, huérfanos de asesinados, mutilados… fueron desgranando sus cortos pero directos mensajes que arrancaron los aplausos de todos los que allí escuchábamos. Santiago Abascal, muy mitinero, descerrajó a borbotones un completo discurso cargado de razón y terminó con un ¡Viva España! que arrancó una unánime y sonora respuesta. Regina Otaola, la voz de la valentía, con su tono sosegado nos trasladó por unos minutos a un reducto de odio nacionalista, a un lugar en el que no se puede pensar distinto porque supone una sentencia. Y allí, en una insultante pero gallarda minoría, ella sigue aferrada a la bandera de España. Todos los que hablaron –no puedo recordar más que a algunos, por eso prefiero nombrar únicamente a los más conocidos– lo hicieron desde la emoción del recuerdo de sus seres queridos, desde la responsabilidad y desde el más absoluto y verdadero patriotismo. Cerró el micrófono Francisco José Alcaraz al que noté emocionado. Su fuerte no es la expresión en público pero supo transmitir que su mensaje era sincero. Uno es blando, lo reconozco, y en más de una ocasión tuve que esforzarme por no romper en un emocionado llanto. Y es que no dejo de imaginar a quien hablaba cubierto de sangre, abrazando a un hijo muerto o intentando encontrar sus propias piernas. Y no hay más, es así la tozuda realidad. Aunque nos pinten un panorama de conciliación y tregua la única verdad es que ETA sigue existiendo, sus brazos mal llamados “políticos” están bramando para poder presentarse a las elecciones e incorporarse a las instituciones y desde allí, usurpando unos sillones “sagrados” (como un hermano de un militar asesinado, nos recordó desde el escenario) seguirán con su odio separatista y financiarán con el dinero de todos nosotros las balas que cercenarán más vidas inocentes.

El mensaje unánime y sin rencor, un grito desgarrado pidiendo, suplicando al actual gobierno que no juegue con los ciudadanos, que llame a las cosas por su nombre, que el terror sólo se acabará cuando haya vencedores y vencidos, que la memoria de las víctimas pide justicia y que ya está bien de engañar con un doble lenguaje en el que convive la inmoralidad del desprecio a esas víctimas con un falaz endulzamiento de la realidad que nos quiere presentar a sus asesinos en el mismo plano.

Pese a lo trágico del fondo de la manifestación disfruté participando en ella. El ambiente muy relajado y familiar, un mar de banderas de España y un montón de amigos en buena compañía, los que acudíamos juntos y los que allí encontré. Me sorprendió ver tantas caras conocidas en aquél mar de gente. Hasta el tiempo, muy agradable, soleado y apenas fresco, contribuyó a que se respirase un extraño y reconfortante efluvio de complicidad, de alegre confirmación de que uno no está solo y que conviene recordar que somos muchos los que así sentimos. Estos baños de razón, discurso y patriotismo resultan altamente gratificantes. El Himno de España, con todas las banderas, grandes y pequeñas ondeando, cerró estupendamente una memorable tarde de sábado.

Señores del Gobierno, al igual que los miles de ciudadanos que ayer recorrimos juntos algunas de las calles de Madrid, desde este rincón bloguero quiero unir mis palabras a las suyas para exigirles que terminen con esta farsa, con esta ocultación de la verdad de una negociación más que evidente, que los españoles de bien –como ya escribió Miguel de Unamuno– queremos antes la verdad en la guerra que la mentira en la paz y que no queremos que los asesinos obtengan ningún beneficio por aparentar que han dejado de matar. Señores del Gobierno: en mi nombre ¡no!

Juanma García Gay