jueves, 30 de septiembre de 2010

29S: Empanada General

Comienzo estas líneas recién estrenado el día 30, cuando la huelga más absurda de la historia española ha tocado a su fin. La respuesta de los ciudadanos españoles ha sido acorde con el ridículo planteamiento sindical: nada de nada, no ha habido respuesta. El escaso seguimiento de esta fallida convocatoria se ha debido al “trabajo” de los piquetes, curiosa ironía, pues al fin los liberados sindicales han currado un día, justo en el que pedían que los demás no lo hiciésemos.

Hemos llegado hasta aquí recorriendo un camino grotesco. Desde hace dos años nuestra economía nacional está bajo mínimos, se destruye empleo sistemáticamente aumentando el paro de forma alarmante y la reacción de nuestro gobierno ha sido nula. Cuando los Estados Unidos de América y la mayoría de los países europeos comienzan su recuperación nosotros aún no hemos tocado fondo. Ante tal panorama, Obama y Merkel nos llaman a capítulo y nos dictan los deberes que ZP, ahora sí, se apresura a cumplir. Un par de brochazos y a mediados de junio se improvisa una reforma laboral coja e incompleta y se pide a todas las fuerzas políticas que la apoyen.

Y los sindicatos ¿dónde están hasta entonces? Desaparecidos, sí. Los últimos seis años han sido los de más bajo perfil en la historia de la acción sindical en nuestro país, algo incomprensible con el alarmante y progresivo deterioro del tejido laboral en los últimos dos años. Paradójicamente, este período ha coincidido con el de mayores aportaciones económicas provenientes de las arcas públicas destinadas al desarrollo y funcionamiento sindical, algunas incluso con posterioridad al anuncio de la reforma laboral, la bajada del sueldo de los funcionarios y la congelación de las pensiones. ¿Es una mera coincidencia? ¿Qué han hecho con estas ingentes cantidades de dinero?

La connivencia sindical con el actual gobierno ha sido incuestionable y ha llegado a extremos de lacrimógenos idilios más propios del peor cine rosa americano. Conscientes unos y otro, sindicatos y gobierno, de la insostenible situación pactan la convocatoria de la huelga general, algo perverso en sí mismo. Se desechan los meses de junio y julio debido al mundial de fútbol y, si cae la breva como cayó, porque el entonces hipotético triunfo de nuestra selección se podría rentabilizar. Agosto es un mes inhábil hasta para hacer huelgas y septiembre fue el elegido, a finales para que diese tiempo a organizarlo todo meticulosamente después del merecido crucero estival. En los días previos se va caldeando el ambiente con mensajes sindicales de poca enjundia. Al principio se pide la dimisión de Zapatero y finalmente sólo que rectifique su reforma laboral. Se apunta entonces hacia Aguirre como objetivo y Madrid como destino a paralizar a cualquier precio. Sólo así la huelga puede considerarse un éxito. Se pactan servicios mínimos con el gobierno nacional y se rechazan los propuestos en Madrid siendo muy parecidos, advirtiendo al mismo tiempo que no se puede garantizar el cumplimiento de estos servicios mínimos propuestos: una puerta previa y premeditadamente abierta a la más dura acción sindical. Mientras tanto se intenta enturbiar el panorama acusando a “la patronal” de entorpecer cuanto le rodea: el empresario y la derecha, como siempre y ya huele, son los culpables de todo. Se produce una situación de difícil explicación: se convoca una huelga general contra una reforma laboral de un gobierno socialista y se ataca fundamentalmente a una dirigente del Partido Popular y a la CEOE.

Llega el día y comienza el espectáculo. Los sindicalistas se echan a la calle. Portan banderas de UGT y CCOO, claro, y también tricolores de la II República. Gritan consignas con el puño en alto. Los piquetes actúan con verdadera contundencia en puntos estratégicamente escogidos como la E.M.T. de Madrid y los “mercas” (Mercamadrid, Mercasevilla…). Se abusa de las chinchetas, la silicona, el pegamento y las bolas de acero. Se rompen lunas de autobuses, se pinchan ruedas de vehículos. Se sellan cerraduras. Se incendian barricadas. Se amedrenta a trabajadores y comerciantes que tienen que echar el cierre ante las hordas de estos energúmenos, aunque reabren pasados unos minutos. Se destroza mobiliario urbano y se ensucian calles y monumentos con pegatinas y poéticos mensajes escritos con los más cantarines rotuladores y aerosoles. Se inutilizan cajeros automáticos. Se rompen lunas y escaparates. Los piquetes obligan a cerrar a El Corte Inglés y, pasadas unas horas, un numeroso grupo termina, con banderas y todo, engullendo cervezas y aperitivos en su cafetería. En Barcelona aparecen los “antisistema” y la lían parda al amparo de la marea sindical. En Madrid, los sindicalistas de la provincia acuden al centro en los trenes de cercanías (aclaran que son servicios mínimos ¿eh?, que nadie se lie) para participar en una manifa fin de fiesta cuyo plato fuerte es un sindicalista alemán soltando al micrófono un encendido discurso en su idioma natal que nadie entiende pero que todo el mundo jalea y aplaude enfervorecido. Los sindicatos aseguran que el éxito ha sido rotundo, más de un 70% de los trabajadores españoles han secundado la convocatoria. La realidad es muy otra. El seguimiento ha sido mínimo y sólo efectivo en los puntos de mayor y más virulenta acción de los piquetes, fundamentalmente grandes empresas e industrias. Incluso los ciudadanos han reaccionado en contra de la acción sindical rechazando su comportamiento de hoy y de los últimos años. El ministro Corbacho se esmera intentando aportar una imposible cara amable: se deshace en elogios al comportamiento cívico de los piquetes y a su respeto por los servicios mínimos pactados. Enarbola un melifluo discurso en el que sus piruetas verbales pasan por no aportar cifra alguna (no se me vayan a enfadar estos “sindis”), primera vez que esto ocurre, y por no declarar el fracaso de la convocatoria. Inaudito. Y mientras, a lo largo del día, nuestros diputados nacionales, excepto los siete que han secundado la huelga, han participado en la sesión de control al gobierno en el Congreso. Una sesión en la que se ha ignorado la huelga y no se ha hecho referencia alguna a la misma. La broma nos ha costado a los españoles un buen pellizco que oscila según las fuentes entre los 4.000 millones de euros y los 100.000 millones que calcula la CEOE ¿Alguien entiende semejante cúmulo de anacronismos y despropósitos? Una monumental y surrealista empanada.

No me extraña que a menudo seamos el hazmerreír de Europa sobre todo prodigándonos en vergonzosos espectáculos como el de hoy. Personalmente estoy indignado con estos sindicatos decimonónicos y obsoletos que pago con mis impuestos. Opino que no sólo deberían financiarse exclusivamente por las cuotas de sus afiliados sino que habría que responsabilizarles de las consecuencias de movilizaciones como las de hoy. El mobiliario urbano destrozado, el ingente gasto en limpieza de espacios públicos, la reparación de cerraduras y escaparates de bares y comercios, las lunas y ruedas de autobuses y vehículos… todo ello habría de ser meticulosamente contabilizado y facturado a esta pandilla de gritones subversivos liberados de la carga laboral y que, puño y bandera republicana en alto, eructan prehistóricas consignas izquierdosas por sus gargantas. Espero, como la mayoría de los españoles, que sea una de las primeras cosas que arreglemos en el 2012.

Juanma García Gay

6 comentarios:

  1. Para empezar, y emulando las jornadas electorales, los días de huelga quedarán prohibidas manifestaciones sindicales de todo tipo, piquetes informativos, pegado de carteles y manifestaciones en radio o televisión, dejando al albur de cada trabajador, empleado, directivo, comerciante, autónomo y todos los términos que queramos, la elección de hacer huelga o no. La presencia sindical solamente se hará efectiva tras la denuncia presentada, anónimamente o no, por aquel trabajador que haya sido coaccionado por la empresa donde trabaja a no disfrutar de su legítimo derecho a huelga, debidamente notificado a la empresa con 24 horas de antelación (o más, según convenga y se legisle) y por escrito, a fin de que ésta pueda adoptar las soluciones que crea convenientes para el normal de su actividad. Ante la denuncia antes citada, el delegado sindical, acompañado de la Guardia Civil, Policía Nacional, regional o local, se presentará en el centro de trabajo denunciado y levantará acta, lo que servirá de base para posibles sanciones administrativas, civiles o penales (las que dictare la ley vigente) contra el responsable de impedir el ejercicio del derecho a la huelga de los empleados de ese centro de trabajo.

    Todo esto se me acaba de ocurrir a las siete y media de la mañana. ¿Tan difícil es que alguien piense algo parecido? ¿Supone esto una merma de los derechos de nadie?

    Me voy a trabajar.

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  2. Muy divertida tu descripción. Agradezco los detalles porque llevo unos días de cura-sin-periódicos para no enfadarme y la verdad en mi barrio es más fácil cruzarse con príncipes y unicornios que con obreros del metal así que no me entero de lo que pasa por la España real.
    En un Estado de Derecho sindicatos y huelgas debieran ser prescindibles. Si la Justicia fuera rápida y justa, no debieran existir mayores problemas laborales. Si los políticos no fueran anormales. Si los empresarios tuvieran dos dedos de frente. Son demasiados síes. El problema es que la Justicia funciona de un modo muy deficiente, la CEOE representa lo peor de los empresarios, siempre hablan de abaratar el despido como si su modelo económico, amén de poner ladrillos -la gran aportación española al Tercer Milenio- consistiera sólo en el fomento de la esclavitud. Lo suyo son las pirámides. Ni una palabra, oiga, ante el asesinato de la pequeña y mediana empresa, el desmantelamiento de la Universidad y la enseñanza profesional, la entrega por parte de nuestros gobiernos y especialmente el actual de toda nuestra informática a Microsoft y la catástrofe demográfica. Ellos también son un sindicato, un sindicato de Chicago.
    Los sindicatos y las huelgas son algo bueno, como contrapoder al de las empresas y políticos. Prueba de que la huelga es una institución saludable es que en Cuba o en China no hay, y allá los sindicatos son la misma chusma oficial que gobierna esas infelices naciones. En España, como los partidos políticos, los sindicatos están podridos. Gente que recibe dinero público no se sabe para qué, y con una democracia interna similar también a lo que vemos en los partidos. Fíjate en que la UGT fue un feudo familiar, Nicolás Redondo Padre, Nicolás Redondo Hijo, faltaba Nicolás Redondo Espiritu Santo. Los sindicatos españoles son sindicatos políticos y por eso ves a los folclóricos de la tricolor unirse a grandes banderas rojas -que la bandera roja no es precisamente un símbolo de libertad- y poca o ninguna bandera española, como si la pasta de la que viven no la pagáramos los españoles. La verdadera empanada, Juanma, es la que esos señores tienen entre las orejas; y la que tenemos muchos españoles que seguimos viviendo en el siglo XIX, como bien apuntabas, o en la II República. En el fondo no te extrañe, mira la portada de la Fundación Pablo Iglesias. Si vas buscando información sobre la España de 2010 y los desafíos del mañana te encuentras con gente que te habla de Negrín y de Pablo Iglesias. El PSOE es un partido centenario. Y se nota. Nos gobiernan una chusma de chanchipirulis con vocación de abuelos cebolleta. Así nos va.

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  3. No entiendo porque los sindicatos, para dar ejemplo claro, no pactan servicios mínimos para sus liberados, para que ellos también puedan ejercer su legítimo derecho a la huelga, que así van los pobres de cabreados a trabajar ese día en los piquetes convencitivos.

    Claro que, a su vez, tendrían que organizar esos mismos piquetes convencitivos para informar y convencer a sus propios compañeros para que hicieran huelga y no fueran a los otros piquetes.

    Pero claro, siendo consecuentes, esos mismos piquetes antipiquetes tendrían derecho a hacer huega con lo que habría que crear unos servicios minimos de piquetes antipiquetes, que convencieran a sus compañeros para que no fueran a convencer a otros compañeros para que no trabajaran en sus propios piquetes...

    Con lo cual el sistema entra en un proceso recursivo que se autocolapsa en cuatro o cinco vueltas habida cuenta del numero de liberados que hay; se quedarían sin gente y se montaría un girigay convencitivo digno de ver. Maquiavélico ¿no? ;-)

    Por lo demás, magnífico e irrefutable artículo Juanma, que estoy convencido que compartiría mucha más gente de la que estaría dispuesta a admitirlo públicamente.

    Solo siento que la única voz meridianamente clara y contundente del partido sea, una vez más, la de la Esperanza. Magnífica entrevista por cierto de Cesar Vidal, la tarde anterior.

    En un foro o plataforma de mi lugar de trabajo alguien, sindicalista, claro, se ufanaba el otro día de que "las huelgas bien hechas bien acaban" refiriéndose a la anterior huelga salvaje del metro de Madrid
    (y por cierto que ayer el Metro funcionó estupendamente, muy muy por encima de los servicios mínimos, al 80% creo, ¿se entiende esto? ¿les dejaron en paz los sindicatos en premio por la huelga anterior?)

    Pues a este señor del foro de mi trabajo le diría (y no lo voy a hacer, es una discusión estéril) que esa alabanza, como cualquiera de las alabanzas a los presuntos éxitos de la huelga de ayer es pura apología de la delincuencia, de la desobediencia o insumisión civil, y que cuaquier éxito de los que se jactan de ayer, particularmente en Madrid, claro, se basa exclusivamente en actos de terrorismo callejero sindical, al mas puro estilo de la kaleborroka vasca, que es el único y evidente objetivo de los piquetes "convencitivos" (lástima de gramática, dicho sea de paso) dados que en los mismos lo único que huelga es la información.

    Un abrazo, Juanma
    Fernando, aka Ungeuno

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  4. Me acabo de dar cuenta que escribir un comentario recién levantado hace que me coma algunas palabras... vaya "kk" de redacción... Mi pedigrí por los suelos.

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  5. Querido Juanma me encanta tu reportaje porque así me entero; llevo tiempo sin leer la Prensa o soportar las noticias en la tele así que la realidad en la que vivo no es tributaria de la España real ni de la mediática. Vi con gran curiosidad deambular por el paseo del Prado los huelguistas: en mi barrio es más fácil encontrarte con actrices de moda o elfos montados en unicornios que con obreros del metal. Por cierto, ¿existe todavía una industria del metal? ¿Hay obreros de algo, en España, o todo se fue ya a China?
    Lo más incomprensible de todo es que UGT se ha sumado a la huelga, UGT ¡que está en el Gobierno! Porque para qué vamos a engañarnos, UGT es una prolongación del PSOE y CC.OO lo mismo que el PC. Los sindicatos en España no son más que una emanación de la política, un eslabón de la misma cadena. Ver al PSOE sindical contra el PSOE gubernamental sería risible si no fuera porque representa algo más grave: que cuando una organización ocupa todo el espacio público tiende a repartir los papeles para convertirse en su propia oposición. Recuerda aquellos tiempos en que Fraga habiendo hundido el centro derecha, en Moncloa se pusieron bifrontes: González versus Guerra, un paripé oportunista para crear la sensación de alteridad ya que la alternancia era imposible.
    Me inquietaría la idea de que el PP tirara la toalla y se limitara a convertirse en eterna oposición. Tengo la impresión de que en el PSOE hay quien da ya por segura una tercera victoria socialista, con Z o sin él, pero victoria. Me gustaría que se equivocaran.

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  6. Xixarro: pues, la verdad, estás más que lúcido a las siete de la mañana, hora en la que yo voy arrastrando mis legañas. Lo que propones podría ser un muy buen principio y, desde luego, se acabarían las presiones. Y tranquilo por tu pedigrí, sigue intacto.

    Ungeuno-Fernando: muy divertido el bucle que imaginas pero eso de que los piquetes también puedan hacer huelga cuando para la mayoría de sus integrantes es el único día que trabajan... Totalmente de acuerdo en lo de la claridad de Esperanza, se le entiende todo meridiano cuando habla, es una virtud. Y respecto a lo de tu compañero forero sólo puedo decir una cosa: una huelga y más una "general" es siempre un fracaso, se mire por donde se mire. Fracasa el gobierno y/o los sindicatos. Y siempre el país sale perdiendo. Muchas gracias por pasarte por aquí y escribir unas líneas.

    Luis: efectivamente la diferencia está en los collares, los perros son los mismos (es el refrán). Por eso la empanada es monumental cuando intentan justificar y dar explicaciones que son imposibles de entender. La huelga ha sido la escenificación de un gran ejercicio de manipulación de la izquierda al que la mayoría de la sociedad no ha respondido. Ellos solitos han bailado en su propio circo. Y espero que los que dan por segura una siguiente victoria del PSOE se equivoquen de lleno, por el bien de España y por la salud mental del abajo firmante.

    Muchas gracias a todos.

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