martes, 31 de agosto de 2010

Vacaciones mentales


Me pide mi amigo Luis que escriba unas líneas, que se note que este blog sigue vivo, que lo tengo más abandonado que el Gobierno a la policía de Melilla.

Le envidio. Luis es capaz de mantenerse en la brecha todo el año. Es imaginativo y escribe de cualquier cosa en cualquier momento. Es capaz de sorprender con cualquier giro mental que uno nunca hubiese podido soñar siquiera. Os aconsejo la lectura de su blog, seguro que pasaréis allí muy buenos ratos.

Yo no soy así. Ni tengo tal capacidad de trabajo ni por asomo su creatividad. Así que… estoy de vacaciones.

Me ha costado escribir esto, lo juro. Casi no recordaba la contraseña de Windows. Y a estas horas, rondando las 3 de la madrugada y con una copita junto al portátil, lo último que me apetece es seguir con mi habitual crítica al Inútil intentando sesudos razonamientos que plasmar en cuatro palabras. Pues no, hala. Argumentos no me faltan pero ya habrá tiempo.

Es curioso esto de las vacaciones. Está claro que se trata de un estado mental, y voy a intentar explicarme. Desde que los peques fueron expulsados del colegio (por eso del fin de curso ¿eh?, que sus notas han sido excelentes; afortunadamente han salido a la madre los angelicos), nos hemos mudado a nuestra casita de la sierra madrileña. Diez grados menos que en la capital, de media, son un buen motivo para descansar noche tras noche y algunas con mantita y todo. Los chavales andan todo el día de piscina en piscina, colando bolas de pingpong en la enredadera del vecino, desgastando sus botas de futbol y las ruedas de sus bicicletas; un verano como los de antaño, los de verdad, esos que recordamos de nuestra juventud en el pueblo. ¿Y yo? Pues de vacaciones también desde junio.

Pero si lo pienso... ¡sólo he tenido de vacaciones “reales” un par de semanas! El resto del tiempo he seguido trabajando como todo el año. Miento, mucho más que el resto del año: durante este tiempo he lijado una valla de madera de 25 metros, tela, y la he barnizado enterita, con dos manos de barniz, oiga. Más tela, pero me ha quedado de exposición, que sí. He tirado una barbacoa antigua de fábrica (no podía imaginar el escombro que sale de cuatro ladrillos y los mazazos que hay que dar para romperlos); me he subido al tejado a cambiar la antena por una que pille el TDT (serán sólo diez metros pero a mí me parecía la Torre Eiffel), y todo para dormir los documentales de la 2; he cambiado la arena al filtro de la depuradora (lo que se suda en ese cuartito tan pequeño y con tanta humedad); he reparado un par de goteras “por arriba” (en el tejado) y “por abajo” (pintando los techos); he reparado el riego automático, he recorrido unas quinientas tiendas de muebles para acabar comprando la primera mesa de jardín que había visto en Carrefour, preciosa, eso sí; he comprado una barbacoa nueva (de ahí lo de los mazazos de la antigua)… pero estoy de vacaciones.

He conseguido un lustroso “moreno-albañil”, me duelen todas las articulaciones, he pasado calor, vértigo, lumbago, ampollas, sed, mucha sed… pero estoy de vacaciones.

Es un estado mental, seguro. En febrero me puede agobiar no haber leído un par de correos electrónicos. Hoy he visto que en mi buzón habitual hay más de un millar sin leer. He resoplado, he enarcado las cejas y he cerrado el correo, así, sin más. Ya llegará el quince de septiembre y empezaremos de nuevo el cole. Yo mañana seguiré dando mazazos a los restos de la barbacoa y seguiré sudando la gota gorda. ¡A disfrutar, que para eso estoy de vacaciones!

Nos vemos, pronto.

Juanma García Gay