martes, 4 de mayo de 2010

¿Cómo se escribe solidaridad en griego?

A estas alturas a nadie se le ocurriría discutir el principio de la solidaridad; resultaría políticamente incorrecto. Nos solidarizamos con el pueblo de Haití, con los chinos damnificados por sus repetidos terremotos, con las víctimas de los últimos quince huracanes o, incluso, con las focas del Ártico. Campañas publicitarias nos invitan a colaborar con estas nuevas o viejas causas y los cansinos programas televisivos, más bien diseñados para el lucimiento y promoción de un puñado de famosillos, tratan de mover nuestras conciencias. Hasta aquí todo bien, más o menos.

Cuando se producen estas terribles catástrofes naturales es cuando hay que mostrarse más solidario, cierto, y comprendo que el estado español colabore con los medios humanos, materiales y económicos que estén a nuestro alcance. Sin embargo, cuando se trata de salvar focas o ballenas, la selva amazónica o las orquídeas de Tombuctú prefiero comprobar que la contribución es voluntaria y no estatal. ¡Caramba! ¿Por qué me acuerdo ahora de la subvención de Moratinos a los homosexuales y lesbianas de Zimbabwe?

Volviendo al tema, cuando la desgracia de un pueblo no sobreviene por causa de una catástrofe natural sino por la inoperancia y el mal hacer de sus dirigentes ¿es lícito acudir en su ayuda? ¿Debemos los europeos sufragar los desmanes de Grecia? Ahora, en el preciso instante en el que la crisis azota a Europa y el paro se ceba sobre todo con el pueblo español ¿debe nuestro estado destinar casi 10.000 millones de euros, aunque sea en forma de préstamo, a tapar agujeros griegos –con perdón– cuando aquí hace tanta falta hasta el último céntimo? ¿Qué parte de los 30.000 millones de euros que aportará el F.M.I. nos corresponde también a nosotros, a los españoles? La quiebra del estado griego resultaría una catástrofe financiera para Europa, sin duda, y esta es la razón objetiva del diseño de esta ayuda. El rescate del estado griego por parte de la Zona Euro, aún bajo la crisis económica actual, va a resultar un notable esfuerzo para el resto de estados miembros y, por extensión, para cada uno de sus ciudadanos. Pese a que nuestro infame gobierno nos asegure que la ayuda española a Grecia nos resultará beneficiosa y que “hoy” no le supone ningún coste a los españoles, lo cierto es que cualquier parado –y hay muchos– bufará echando cuentas y palpando su propio bolsillo.

Pero tras la justificación meramente financiera y ante la prevención de un agujero en el barco común que lo hundiese sin remisión, cabe también plantearse interrogantes de índole moral. ¿Cómo se evalúa la responsabilidad de unos dirigentes griegos que engañaron al resto de la Zona Euro? ¿Qué responsabilidad tiene el propio pueblo griego por votar y apoyar a un gobierno de tal calado? ¿Puede entenderse esta actuación como un “seguro de vida” para otras economías europeas que pudiesen encontrarse en situación complicada? ¿Puede ZP estar tomando un respiro?

Mañana en La Moncloa se recibe a Rajoy en la penúltima encerrona. Si Mariano se muestra cooperador y arrima el hombro, compartirá también responsabilidades ante la crisis. Si no lo hace recibirá la crítica del gobierno y la habitual demagogia socialista caerá sobre él y el partido. No hay beneficio para el PP ni perjuicio para el PSOE. En todo caso, rezo para que no sigamos el camino de nuestros amigos griegos. Muchos lo auguran.

Juanma García Gay