viernes, 22 de octubre de 2010

El escozor de Ogromalva

Uno no va muy contento a las citas con Hacienda Somostodos. Recibí una carta con una Propuesta de Liquidación Provisional, un eufemismo que esconde un majete ven por aquí que algo no cuadra. En la carta explicaban no tener constancia de unas donaciones que yo aseguraba haber realizado. Nada menos que 75 € me reclamaba Somostodos. Los que vivimos de una nómina, sin complicaciones patrimoniales, dividendos de acciones y otras zarandajas, elaboramos una declaración de I.R.P.F. de lo más sencillita. Hasta yo con mis cortas luces y sin ayuda de un gestor soy capaz de cumplir correctamente con Somostodos. Aún así, aunque aparentemente tranquilo, un gusanillo me rondaba el píloro cuando acudí a mi cita. Con mi traje inmaculado, mi corbata chupiguay y mis justificantes bajo el brazo llegué a la Delegación de Hacienda: calefacción insoportable a mediados de octubre, escáner de entrada, tres pitidos, tres veces me hurgué los bolsillos (el móvil, el llavero, las monedas, las gafas de sol, el pendraif…) mostrador de información, tome usté su numerito y espere su turno en esa sala de la derecha. Número 478. Paso a la sala y está vacía, sólo tres señoritas –es también un eufemismo, porque al menos una era un auténtico ogro– sentadas tras los mostradores números uno, dos y tres, conversaban tensamente de Fulanadetal que a juzgar por sus poco comedidas palabras debía ser la más malvada de las malvadas jefas de sección del panorama funcionarial epañó. En la pantalla aseguraban que el último número llamado había sido el 477 pero ya lo habían despachado pues allí, a este lado de los mostradores, sólo estaba yo ocupando una de las más de treinta sillas vacías. Eso sí, asistiendo al visceral despellejamiento de Fulanadetal que mira que debe ser mala la tía.

Apenas cinco minutos después, tiempo que empleé en comprobar cienes de veces mis dos justificantes de las donaciones que a Somostodos no le constaban, sonó el timbrecito y mi 478 parpadeó en la pantalla. Y sí, me tocó el ogro, la señorita de la ventanilla número tres. Intentaré objetividad: bajita, muy poco más de metro y medio, más de cincuenta tacos, ropaje colorido pero difícilmente definible –yo lo llamaría trapillos– y gesto seco que supuse era debido a la malvada Fulanadetal, más tarde comprobé que no. Lo más llamativo era su pelo, ni largo ni corto, algo estropajoso y en punta y de un llamativo tono que, de raíz a punta, evolucionaba del malva florecilla al morado penitente. Sí, como Lucía Bosé pero con menor estilo, menor estatura, menor edad y en morado.

Comencé, insensato, con un ignorado buenos días y al mismo tiempo que enseñaba el sobre recibido días atrás cometí la imperdonable felonía de comentar que había recibido un requerimiento de Somostodos. No pude continuar pues Ogromalva me cortó en seco. Ladró que eso no era un requerimiento, ignorante de mí, era una Propuesta de Liquidación Provisional. Empezábamos bien. Intenté arreglarlo pidiendo disculpas por mi monumental error e intentando pedir explicaciones sobre cómo debía aportar mi documentación. Ogromalva sólo gruñó un “a ver” mientras de puntillas estiraba su morada mano para arrancar los justificantes de la mía. Y hasta aquí duró la amabilidad, sí, la amabilidad, que no me he equivocado que lo que vino después fue indescriptible.

Ogromalva se apoderó de mis justificantes, pasó la vista sobre ellos y entró en trance. Aquél indefinible rictus no presagiaba nada bueno… y así fue. Tornó en una horrible mueca y torció la nariz en un gesto que parecía estar oliendo el más fétido y pútrido pedo. La espuma de su boca, el fondo de sus ojos y la punta de sus pelajos eran ahora del mismo color. Morado, efectivamente.

Ogromalva me mugió que esos “papeles” no valían, me sacó un Manual de Somostodos en el que, según entendí entre estertores, se aseguraba que en los recibos debía constar esto y aquello y que me fuese por donde había venido, tomase un nuevo numerito para el mostrador de Caja y abonase los 75 lereles que había “defraudado” a Somostodos. Se entabló una discusión en la que sólo se le oía a ella o eso creo aunque no puedo asegurarlo pues yo intenté mantener un tono bajo. Me empeñé en aportar mis justificantes y Ogromalva, erre que erre, que no y que no. Y yo que sí y ella cada vez más de puntillas y más morada que de ninguna manera. Los bufidos de Ogromalva salpicaban perdigones y yo estaba cerrando el puño para soltarlo sobre el mostrador con un sonoro taco… cuando apareció Fulanadetal y retiró a su púgil al rincón. Ogromalva, llegado este punto, no quería abandonar el combate y siguió gritando mientras la señorita del mostrador número dos le acompañaba del brazo despacho adentro. Antes de que se la llevasen pensé en sacar 75 euros y darme el gustazo de ciscarme en su sagrada progenitora pero no lo hice y aún no sé si me arrepiento. Lo último que escuché fue un profundo y amargo "todos sois iguales" en un grito retorcido y rebosante de hiel.

Fulanadetal me sonrió. Aluciné. Me conquistó. Era una mujer normal. Admitió mis justificantes y procedió a tramitar mi alegación. Y ya está. Tal vez a ella no le molestaron mis donaciones al Partido Popular y a una institución perteneciente a la Iglesia Católica.

Juanma García Gay

jueves, 14 de octubre de 2010

Encuestas, intenciones y la que se avecina

En estos días los peperos andamos que no cabemos en nosotros mismos de gozo. No importa el medio ni el encuestador, quién encargó o quién preguntó: el resultado es invariablemente satisfactorio, muy, pero que muy satisfactorio. Todas las encuestas publicadas nos auguran el mayor de los éxitos electorales; hoy la intención de voto del español se inclina en mayoría absoluta hacia nuestras siglas… ¿de verdad? No me creo nada.

Siempre he pensado que este tipo de encuestas esconde trampas hasta en el nombre. Más que la intención de voto del encuestado es en la propia encuesta en la que subyace una intención. Las empresas dedicadas a estos menesteres no pueden evitar un sesgo inicial, a veces muy marcado, que depende de muchos y variados factores. No es lo mismo que una encuesta la promueva el PP o el PSOE, una emisora de televisión o un medio de prensa escrita, que la elabore una u otra empresa de sondeos, que la muestra poblacional elegida sea más o menos extensa, tanto geográfica como numérica, que se realice telefónicamente o el domingo a la salida de misa de una. Demasiadas variables.

Y luego están –estamos– los juguetones. Esos que contestan –contestamos– cualquier cosa cuando alguien nos sorprende con su carpeta y su lápiz, nunca boli por si hay que borrar, y nos pregunta esto o aquello. Aún recuerdo a una adorable criatura que me abordó a la puerta de un colegio electoral para preguntarme a qué partido acababa de votar. Apenas pasaban las ocho de la tarde y yo llevaba mi flamante acreditación de apoderado del PP colgada al cuello. El experimento no me salió nada bien. Sin temblarle el pulso apuntó la cruz en la casilla de Euskal Herritarrok tal como yo le dije, sin rubor (ella, yo más bien sí), sin un gesto, sin vacilación alguna. No le dieron ninguna pista las sonoras carcajadas de los que me acompañaban.

Tanta mayoría absoluta como estos días se nos augura es extremadamente peligrosa. Puede relajar a nuestro electorado y motivar al de enfrente. Y lo que es peor, puede hacernos caer en la autocomplacencia y empujarnos a no hacer nada más ¿Para qué si ya estamos a años luz? Debemos ir por buen camino ¿no es así? Pues no, no podemos morir de éxito y mucho menos antes de subir al ring.

En Madrid apenas en seis meses nos enfrentaremos a las urnas y un año más tarde, mes arriba o abajo, lo haremos en toda España. Nuestros amigos socialistas no van a cruzar los brazos ante la constante sangría de votos que sufren a diario, hasta ahora en silencio, como las hemorroides del anuncio. Pero no tardarán en abrir el pico y de qué manera. En estos meses vamos a sufrir la mayor embestida y de la peor y más sucia estrategia, os lo aseguro. No es difícil suponer que un partido sin un solo logro del que hacer bandera, con importantes grietas y liderazgo cuestionado, sólo puede mejorar sus expectativas electorales disminuyendo las del principal competidor. Se avecinan en tropel acusaciones de corrupción –en los mentideros habituales se dice que es la estrategia preferida de Pepiño–, gurteles, prestiges y guerras de Irak con uno u otro barniz. Los ventiladores están a punto. Mi chubasquero también, prevenido que soy.

Juanma García Gay

jueves, 30 de septiembre de 2010

29S: Empanada General

Comienzo estas líneas recién estrenado el día 30, cuando la huelga más absurda de la historia española ha tocado a su fin. La respuesta de los ciudadanos españoles ha sido acorde con el ridículo planteamiento sindical: nada de nada, no ha habido respuesta. El escaso seguimiento de esta fallida convocatoria se ha debido al “trabajo” de los piquetes, curiosa ironía, pues al fin los liberados sindicales han currado un día, justo en el que pedían que los demás no lo hiciésemos.

Hemos llegado hasta aquí recorriendo un camino grotesco. Desde hace dos años nuestra economía nacional está bajo mínimos, se destruye empleo sistemáticamente aumentando el paro de forma alarmante y la reacción de nuestro gobierno ha sido nula. Cuando los Estados Unidos de América y la mayoría de los países europeos comienzan su recuperación nosotros aún no hemos tocado fondo. Ante tal panorama, Obama y Merkel nos llaman a capítulo y nos dictan los deberes que ZP, ahora sí, se apresura a cumplir. Un par de brochazos y a mediados de junio se improvisa una reforma laboral coja e incompleta y se pide a todas las fuerzas políticas que la apoyen.

Y los sindicatos ¿dónde están hasta entonces? Desaparecidos, sí. Los últimos seis años han sido los de más bajo perfil en la historia de la acción sindical en nuestro país, algo incomprensible con el alarmante y progresivo deterioro del tejido laboral en los últimos dos años. Paradójicamente, este período ha coincidido con el de mayores aportaciones económicas provenientes de las arcas públicas destinadas al desarrollo y funcionamiento sindical, algunas incluso con posterioridad al anuncio de la reforma laboral, la bajada del sueldo de los funcionarios y la congelación de las pensiones. ¿Es una mera coincidencia? ¿Qué han hecho con estas ingentes cantidades de dinero?

La connivencia sindical con el actual gobierno ha sido incuestionable y ha llegado a extremos de lacrimógenos idilios más propios del peor cine rosa americano. Conscientes unos y otro, sindicatos y gobierno, de la insostenible situación pactan la convocatoria de la huelga general, algo perverso en sí mismo. Se desechan los meses de junio y julio debido al mundial de fútbol y, si cae la breva como cayó, porque el entonces hipotético triunfo de nuestra selección se podría rentabilizar. Agosto es un mes inhábil hasta para hacer huelgas y septiembre fue el elegido, a finales para que diese tiempo a organizarlo todo meticulosamente después del merecido crucero estival. En los días previos se va caldeando el ambiente con mensajes sindicales de poca enjundia. Al principio se pide la dimisión de Zapatero y finalmente sólo que rectifique su reforma laboral. Se apunta entonces hacia Aguirre como objetivo y Madrid como destino a paralizar a cualquier precio. Sólo así la huelga puede considerarse un éxito. Se pactan servicios mínimos con el gobierno nacional y se rechazan los propuestos en Madrid siendo muy parecidos, advirtiendo al mismo tiempo que no se puede garantizar el cumplimiento de estos servicios mínimos propuestos: una puerta previa y premeditadamente abierta a la más dura acción sindical. Mientras tanto se intenta enturbiar el panorama acusando a “la patronal” de entorpecer cuanto le rodea: el empresario y la derecha, como siempre y ya huele, son los culpables de todo. Se produce una situación de difícil explicación: se convoca una huelga general contra una reforma laboral de un gobierno socialista y se ataca fundamentalmente a una dirigente del Partido Popular y a la CEOE.

Llega el día y comienza el espectáculo. Los sindicalistas se echan a la calle. Portan banderas de UGT y CCOO, claro, y también tricolores de la II República. Gritan consignas con el puño en alto. Los piquetes actúan con verdadera contundencia en puntos estratégicamente escogidos como la E.M.T. de Madrid y los “mercas” (Mercamadrid, Mercasevilla…). Se abusa de las chinchetas, la silicona, el pegamento y las bolas de acero. Se rompen lunas de autobuses, se pinchan ruedas de vehículos. Se sellan cerraduras. Se incendian barricadas. Se amedrenta a trabajadores y comerciantes que tienen que echar el cierre ante las hordas de estos energúmenos, aunque reabren pasados unos minutos. Se destroza mobiliario urbano y se ensucian calles y monumentos con pegatinas y poéticos mensajes escritos con los más cantarines rotuladores y aerosoles. Se inutilizan cajeros automáticos. Se rompen lunas y escaparates. Los piquetes obligan a cerrar a El Corte Inglés y, pasadas unas horas, un numeroso grupo termina, con banderas y todo, engullendo cervezas y aperitivos en su cafetería. En Barcelona aparecen los “antisistema” y la lían parda al amparo de la marea sindical. En Madrid, los sindicalistas de la provincia acuden al centro en los trenes de cercanías (aclaran que son servicios mínimos ¿eh?, que nadie se lie) para participar en una manifa fin de fiesta cuyo plato fuerte es un sindicalista alemán soltando al micrófono un encendido discurso en su idioma natal que nadie entiende pero que todo el mundo jalea y aplaude enfervorecido. Los sindicatos aseguran que el éxito ha sido rotundo, más de un 70% de los trabajadores españoles han secundado la convocatoria. La realidad es muy otra. El seguimiento ha sido mínimo y sólo efectivo en los puntos de mayor y más virulenta acción de los piquetes, fundamentalmente grandes empresas e industrias. Incluso los ciudadanos han reaccionado en contra de la acción sindical rechazando su comportamiento de hoy y de los últimos años. El ministro Corbacho se esmera intentando aportar una imposible cara amable: se deshace en elogios al comportamiento cívico de los piquetes y a su respeto por los servicios mínimos pactados. Enarbola un melifluo discurso en el que sus piruetas verbales pasan por no aportar cifra alguna (no se me vayan a enfadar estos “sindis”), primera vez que esto ocurre, y por no declarar el fracaso de la convocatoria. Inaudito. Y mientras, a lo largo del día, nuestros diputados nacionales, excepto los siete que han secundado la huelga, han participado en la sesión de control al gobierno en el Congreso. Una sesión en la que se ha ignorado la huelga y no se ha hecho referencia alguna a la misma. La broma nos ha costado a los españoles un buen pellizco que oscila según las fuentes entre los 4.000 millones de euros y los 100.000 millones que calcula la CEOE ¿Alguien entiende semejante cúmulo de anacronismos y despropósitos? Una monumental y surrealista empanada.

No me extraña que a menudo seamos el hazmerreír de Europa sobre todo prodigándonos en vergonzosos espectáculos como el de hoy. Personalmente estoy indignado con estos sindicatos decimonónicos y obsoletos que pago con mis impuestos. Opino que no sólo deberían financiarse exclusivamente por las cuotas de sus afiliados sino que habría que responsabilizarles de las consecuencias de movilizaciones como las de hoy. El mobiliario urbano destrozado, el ingente gasto en limpieza de espacios públicos, la reparación de cerraduras y escaparates de bares y comercios, las lunas y ruedas de autobuses y vehículos… todo ello habría de ser meticulosamente contabilizado y facturado a esta pandilla de gritones subversivos liberados de la carga laboral y que, puño y bandera republicana en alto, eructan prehistóricas consignas izquierdosas por sus gargantas. Espero, como la mayoría de los españoles, que sea una de las primeras cosas que arreglemos en el 2012.

Juanma García Gay

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El cortijo presidencial

Nuestros actos nos definen. De todos es conocido que Zapatero es el único presidente de la UE que carga sus vacaciones a las arcas públicas del estado. Según los datos que fueron difundidos por los medios de comunicación, durante las vacaciones del pasado año 2009 en Lanzarote, nuestro presidente viajó acompañado de más de cien personas entre asesores, personal de servicio y de seguridad. Los gastos de desplazamiento, alojamiento y dietas de este séquito supusieron al erario público español una cifra aproximada de 200.000 euros. Aún así hubo suerte. Según informó Libertad Digital, a Zapatero no le gusta veranear en el mismo lugar todos los años por lo que, aunque volvió a elegir Lanzarote como destino, inicialmente no quiso alojarse de nuevo en La Mareta como ya había hecho en 2005. Esta residencia es una casa-palacio mandada construir a finales de los años 1970 por Hussein de Jordania, diseñada por Cesar Manrique y que actualmente es gestionada por el organismo público Patrimonio Nacional. Para las vacaciones del 2005 de la familia Zapatero, La Mareta fue acondicionada para recibirles con un gasto entonces de 271.000 euros. En 2009 finalmente, ante la presión de la opinión pública y supongo que a regañadientes, tuvo que “resignarse” a repetir estancia en La Mareta y suspender la búsqueda de otros alojamientos. Eso sí, se hizo acompañar por su séquito centenario. Y todo ello inmersos en plena crisis económica internacional.

Este año 2010, las vacaciones de la familia Zapatero han sido bien distintas. Ante el agravamiento de la crisis –fundamentalmente por causa de la inacción de nuestro gobierno socialista–, por necesidad o por imagen nuestro presidente ha optado por unas vacaciones de "perfil bajo" en Quintos de Mora, la finca antaño preferida de Aznar. Además de este retiro estival anduvo pululando intermitentemente por La Moncloa y se desplazó algunos fines de semana a lugares de la geografía castellanoleonesa a los que está ligado.

A modo de ejemplo podemos repasar uno de estos fines de semana del pasado agosto. El sábado, un helicóptero VIP del ejército del aire sale de Cuatro Vientos hacia La Moncloa a las 07:30 horas. Allí recoge al matrimonio Zapatero-Espinosa y despega a las 8 de la mañana rumbo a León donde la pareja pasará el día. El helicóptero vuelve a su base de Cuatro Vientos y regresa a última hora para trasladar al matrimonio a cierta localidad de la provincia de Burgos en la que pernoctan. El helicóptero vuelve de nuevo a Cuatro Vientos. Al día siguiente, a media tarde, José Luis y Sonsoles son recogidos por un automóvil oficial (desconozco su procedencia, no sé si el vehículo salió de La Moncloa o lo hizo desde algún organismo oficial de la provincia burgalesa) y son trasladados por carretera hasta la Base Aérea de Villanubla en Valladolid. Zapatero ha ordenado que allí le espere un Falcon que será el encargado de transportar a la presidencial pareja hasta la Base Aérea de Torrejón de Ardoz donde, a su vez, les espera el helicóptero VIP –que ha volado desde su base en Cuatro Vientos– que les llevará de vuelta a La Moncloa y, evidentemente, regresará después a Cuatro Vientos. En Torrejón, como es preceptivo, también están los automóviles oficiales que siempre se disponen como alternativa y que también siempre viajan a La Moncloa en vacío.

En la semana previa el helicóptero VIP voló en dos ocasiones desde Cuatro Vientos a León y a Burgos en vuelo de reconocimiento para localizar los puntos más convenientes de aterrizaje y despegue, de mayor discreción, donde menos se pudiese incomodar a la población y de fácil acceso para los automóviles oficiales, escoltas, Policía y Guardia Civil.

Un helicóptero VIP del Ejército del Aire, ya sea un Super-Puma AS332 o un Cougar SA532, tiene un coste por hora de vuelo de 12.000 a 15.000 euros, dependiendo del número de tomas y despegues que, lógicamente, incrementan el consumo. En esta cantidad están incluidos el combustible y el mantenimiento mecánico del aparato pero no los salarios ni las dietas de los pilotos ni del resto de personal necesario para el vuelo que detallaré más adelante. Desconozco el coste medio de la hora de vuelo del Falcon y, sinceramente, no me he preocupado de investigarlo. Desconozco asimismo si este finde presidencial supuso algún coste en dietas de escoltas, alojamiento de los mismos, desplazamientos, manutención, etc. Y tampoco me ha apetecido sumar el coste de la gasolina de coches y motos de escoltas, policías o guardias civiles. Lo que resulta evidente es que unos cuantos fines de semana a este ritmo suponen al erario público una cuantía similar al séquito del 2009 en La Mareta.

Un presidente de gobierno debe viajar en medios oficiales, por supuesto. No sólo por la comodidad y rapidez de sus desplazamientos sino por motivos obvios de seguridad. Sin embargo, la diferencia entre el uso y el abuso de estos medios es lo que distingue a unos y a otros. El relatado despliegue de medios para un caprichoso fin de semana estival es un buen ejemplo de ello. A cualquiera de nosotros se nos ocurren variadas alternativas tan rápidas, cómodas y seguras para realizar esos poco más de 800 kilómetros y, con la que está cayendo, desde luego mucho más económicas.

Pero esta actitud desgraciadamente no es nueva. El socialismo se ha caracterizado siempre por convertir cuanto ha encontrado a su paso en su cortijo. No hay ninguna diferencia entre los lejanos tiempos en que vicepresidentes del gobierno volaban también en Mystêre para asistir a una corrida de toros o regalaban espaciosos despachos a sus hermanísimos y los tiempos actuales en los que tres ministros viajan al mismo destino europeo en tres Falcon distintos con media hora de diferencia o portavoces del partido utilizan sin derecho a ello –por no pertenecer al Ejecutivo– los mismos medios oficiales para actos propios o propagandísticos del partido.

La actitud de Zapatero, una postura desconocida en los cuatro presidentes anteriores, causa un profundo malestar entre muchos de los que quedan implicados por sus exigencias. Una de ellas, molesta y muy significativa, es la que se produce siempre que Zapatero regresa de un viaje oficial en avión. Tras su aterrizaje en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, nuestro ínclito presidente exige trasladarse siempre en helicóptero hasta La Moncloa, sea la hora que sea. Como contaba más arriba, los automóviles han de estar también siempre allí como medio alternativo y volverán a La Moncloa al mismo tiempo que el helicóptero. Se aducen motivos de seguridad pero ¿hay mucho tráfico en la noche madrileña? ¿Tanto que genere esa terrible inseguridad? ¿Por qué la Casa Real, usuaria también de los mismos helicópteros VIP, regresa siempre en automóvil a La Zarzuela cuando cualquiera de sus miembros aterriza en Torrejón pasadas las 22 horas? ¿Tiene la Casa Real menos necesidades en materia de seguridad o más sensatez y mayor atención con quienes les rodean?

El vuelo de un aparato VIP, cuya base es Cuatro Vientos (desde donde despega y tendrá que volver siempre al terminar su misión), supone el trabajo de los pilotos y el trabajo duplicado en Torrejón y Cuatro Vientos de controladores aéreos, mecánicos, servicio de preparación de vuelos, servicio de combustibles, servicio de bomberos y servicio de meteorología. Trabajos que muchos de ellos comienzan varias horas antes de que el helicóptero despegue y finalizan mucho tiempo después de su aterrizaje. Es el trabajo de militares y funcionarios que no cobran horas extra y que a menudo ven prolongadas sus horas de servicio con la única recompensa de su reciente recorte salarial.

Debe ser que militares y funcionarios también forman parte del cortijo presidencial.

martes, 31 de agosto de 2010

Vacaciones mentales


Me pide mi amigo Luis que escriba unas líneas, que se note que este blog sigue vivo, que lo tengo más abandonado que el Gobierno a la policía de Melilla.

Le envidio. Luis es capaz de mantenerse en la brecha todo el año. Es imaginativo y escribe de cualquier cosa en cualquier momento. Es capaz de sorprender con cualquier giro mental que uno nunca hubiese podido soñar siquiera. Os aconsejo la lectura de su blog, seguro que pasaréis allí muy buenos ratos.

Yo no soy así. Ni tengo tal capacidad de trabajo ni por asomo su creatividad. Así que… estoy de vacaciones.

Me ha costado escribir esto, lo juro. Casi no recordaba la contraseña de Windows. Y a estas horas, rondando las 3 de la madrugada y con una copita junto al portátil, lo último que me apetece es seguir con mi habitual crítica al Inútil intentando sesudos razonamientos que plasmar en cuatro palabras. Pues no, hala. Argumentos no me faltan pero ya habrá tiempo.

Es curioso esto de las vacaciones. Está claro que se trata de un estado mental, y voy a intentar explicarme. Desde que los peques fueron expulsados del colegio (por eso del fin de curso ¿eh?, que sus notas han sido excelentes; afortunadamente han salido a la madre los angelicos), nos hemos mudado a nuestra casita de la sierra madrileña. Diez grados menos que en la capital, de media, son un buen motivo para descansar noche tras noche y algunas con mantita y todo. Los chavales andan todo el día de piscina en piscina, colando bolas de pingpong en la enredadera del vecino, desgastando sus botas de futbol y las ruedas de sus bicicletas; un verano como los de antaño, los de verdad, esos que recordamos de nuestra juventud en el pueblo. ¿Y yo? Pues de vacaciones también desde junio.

Pero si lo pienso... ¡sólo he tenido de vacaciones “reales” un par de semanas! El resto del tiempo he seguido trabajando como todo el año. Miento, mucho más que el resto del año: durante este tiempo he lijado una valla de madera de 25 metros, tela, y la he barnizado enterita, con dos manos de barniz, oiga. Más tela, pero me ha quedado de exposición, que sí. He tirado una barbacoa antigua de fábrica (no podía imaginar el escombro que sale de cuatro ladrillos y los mazazos que hay que dar para romperlos); me he subido al tejado a cambiar la antena por una que pille el TDT (serán sólo diez metros pero a mí me parecía la Torre Eiffel), y todo para dormir los documentales de la 2; he cambiado la arena al filtro de la depuradora (lo que se suda en ese cuartito tan pequeño y con tanta humedad); he reparado un par de goteras “por arriba” (en el tejado) y “por abajo” (pintando los techos); he reparado el riego automático, he recorrido unas quinientas tiendas de muebles para acabar comprando la primera mesa de jardín que había visto en Carrefour, preciosa, eso sí; he comprado una barbacoa nueva (de ahí lo de los mazazos de la antigua)… pero estoy de vacaciones.

He conseguido un lustroso “moreno-albañil”, me duelen todas las articulaciones, he pasado calor, vértigo, lumbago, ampollas, sed, mucha sed… pero estoy de vacaciones.

Es un estado mental, seguro. En febrero me puede agobiar no haber leído un par de correos electrónicos. Hoy he visto que en mi buzón habitual hay más de un millar sin leer. He resoplado, he enarcado las cejas y he cerrado el correo, así, sin más. Ya llegará el quince de septiembre y empezaremos de nuevo el cole. Yo mañana seguiré dando mazazos a los restos de la barbacoa y seguiré sudando la gota gorda. ¡A disfrutar, que para eso estoy de vacaciones!

Nos vemos, pronto.

Juanma García Gay

miércoles, 9 de junio de 2010

Tribulaciones de un funcionario (II)

Sigo sorprendiéndome con lo voluble de las cifras. Según los sindicatos, ayer estuvieron de huelga tres de cada cuatro funcionarios, según el Gobierno uno de cada diez. La diferencia es el éxito que venden unos y el fracaso de la realidad que observamos la mayoría, los que no secundamos la huelga. Pero no voy a hablar de sindicatos, algo que me interesa y mucho pero que dejaré para otra ocasión. Prometí continuar con mis tribulaciones funcionariales y es lo que voy a hacer a continuación.

Me gustó mucho el artículo que publicaron mis amigos del Estudio Jurídico Hermosilla a propósito de los funcionarios (podéis leerlo aquí) y que en pocas líneas ilustra fielmente una realidad con el mérito añadido de haber sido escrito por quien no pertenece a la Función Pública. Es difícil encontrar gente de esta opinión. Al oír la palabra “funcionario” por lo general las ideas de apatía y privilegios son las primeras que vienen a la mente del común de los mortales.

Según la R.A.E. un privilegio es la exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia. Creo, por tanto, que no existe ningún privilegio en la condición funcionarial. Primero porque nadie nos ha concedido absolutamente nada de forma graciosa y segundo, porque las circunstancias propias de los funcionarios están al alcance de todos… de todos aquellos que quieran dejarse los bigotes bajo un flexo y quieran sacar una plaza en una oposición. Respecto a la apatía allá cada funcionario. Debo reconocer que un mísero sueldo y unas nulas o escasísimas oportunidades de promoción profesional no alientan la emoción diaria por acudir al trabajo pero es algo que también le ocurre a un charcutero. La dignidad de cada uno, algo absolutamente personal, es lo que hará que desempeñes mejor o peor tu labor.

Inmersos en la situación actual no quiero analizar cuál ha sido el camino que hasta aquí nos ha traído. Estamos donde estamos y todos sabemos cuáles son las circunstancias singulares de la crisis en España, sus causas, sus orígenes y su previsible evolución. Apartando estas premisas y centrándonos en el problema en sí, con independencia de quien lo haya agravado, sí deberíamos cuestionar si el hecho de poder ir a trabajar todos los días no es en sí mismo el verdadero privilegio. Poseer hoy un puesto de trabajo es una bendición. Y si tiene el marchamo de “para siempre” parece que cobra aún mayor dimensión. Es por tanto lógico que ante esa circunstancia de relativa seguridad se nos pida un esfuerzo hacia la sociedad en su conjunto. No estoy en contra de ello, en absoluto, pero sí me gustaría matizar algunas cosas. En principio, entiendo que el privilegio es simplemente contar con trabajo, fijo o no, y por tanto el esfuerzo lo debería hacer todo aquél que recibe un salario, una renta o un beneficio por cualquier actividad empresarial, artística o de cualquier otro tipo. ¿Por qué sólo los funcionarios? ¿No sería más lógico un nuevo impuesto a todo aquél que tenga una nómina, una renta o un beneficio? ¿Por qué debo renunciar yo a mi 5% de salario cuando mi vecino del quinto sigue disfrutando de su sueldo de charcutero, por cierto, mayor que el mío? ¿Es distinta la crisis para él y para mí? Si hay que sacar a España del agujero deberemos arrimar el hombro todos, no sólo los funcionarios. Y, por supuesto, olvidarnos de los pensionistas que en su mayoría malviven con muy pocos euros. Nada de congelación de pensiones, es absolutamente inmoral.

Por otro lado es muy difícil aceptar el tijeretazo en la nómina cuando se observa el derroche, el despilfarro y el gasto absurdo precisamente por parte de los que por no saber gestionar la nación ahora nos piden este sacrificio. Estoy cansado de leer en el B.O.E. la concesión de subvenciones a colectivos de gays y lesbianas de Zimbawe, a la realización de estudios y mapas de clítoris, a la Recuperación de la memoria de las Misiones Pedagógicas (1931-1936) y de la Junta para la Ampliación de Estudios (1907-1939) (sic) y muchas otras zarandajas que nada tienen que ver con la manipulada Memoria Histórica y que son únicamente una vía de financiación de asociaciones afines al Gobierno. A este respecto es muy ilustrativa la consulta del B.O.E. número 290 de 2 de diciembre de 2009 y en el apartado de “Otras disposiciones” leer la Resolución del Ministerio de la Presidencia y las subvenciones que se conceden. Podéis hacerlo, si tenéis estómago, aquí.

Antes de meter mano en nuestras nóminas deberíamos observar en nuestro Gobierno otros comportamientos más acordes con el momento que vivimos. Su forma de entender el poder es verdaderamente singular y la austeridad en sus acciones brilla por su ausencia… pero los funcionarios debemos contribuir al bien común con nuestro recorte. Y mientras ¿seguimos soportando el sectarismo que enciende a media España desde Ministerios ridículos que son, a la postre, pozos negros para nuestra economía?

Hoy ya me he extendido demasiado pero os prometo un jugoso artículo al respecto de este derroche y de la forma de entender la política del socialismo que nos desgobierna. Con más datos que opinión. Os dejo en suspense.

Juanma García Gay

jueves, 20 de mayo de 2010

Lección de Naturalidad

Acaba de terminar el partido de fútbol que ha enfrentado al Atlético de Madrid y al Sevilla en la final de la Copa del Rey. Como ya sabéis ha ganado el Sevilla y desde aquí mi enhorabuena. (Aprovecho también para felicitar al Atleti por su reciente título europeo de campeón de la UEFA Europa League). Pero, sobre todo, quiero expresar la satisfacción que he sentido al escuchar nuestro himno nacional tarareado por ambas aficiones. En una España tan crispada, quebrada e intencionadamente enfrentada, hoy hemos contemplado una preciosa lección de dos equipos de fútbol que han llevado la bandera española al cuello, la misma que ondeaban ambas aficiones en las gradas, y que con total naturalidad lo han escenificado en el Nou Camp. Enhorabuena a ambos clubes y gracias por el espectáculo.

Igual que el año pasado.

Juanma García Gay.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Tribulaciones de un funcionario (I)

Llevo varios días agazapado bajo el tomillo, como decía el tío Eufemio cuando esperaba pacientemente, mano tras mano, la oportunidad de cazar a algún incauto que le hubiese retado al mus. No he visto en mi vida mejores muses negros. Pero no, no me llega la mano ganadora, no me viene la idea feliz con la que ilustrar mi sordo cabreo funcionarial. Leo en prensa y escucho en radio opiniones variopintas. Algunas las comparto, otras me encienden. Este país sigue anclado en el arquetipo y pocas son las reflexiones serias al respecto. ¿Qué es un funcionario? ¿Es necesario un funcionario? ¿Es justa su retribución? ¿Es justa su reducción de salario en momentos de crisis? ¿Qué le hace diferente, de ser así, al resto de los trabajadores? ¿Por qué levantamos envidias y fobias con la misma facilidad? Yo tengo mis subjetivas respuestas, pero es mi versión. No pretendo estar en posesión de la verdad absoluta, pero este es mi blog… y en mi casa digo lo que quiero. Los que gastáis algún minuto entre estas páginas tenéis vuestro espacio de opinión también. Y sin moderar, así que espero leer vuestras reacciones.

A nadie puede haberle sorprendido el paquete de medidas, por fin, que hace unos días anunció Zapatero en el Congreso. Eran absolutamente previsibles, necesarias… y resultarán insuficientes. Después de meses de agonía, de negar empecinadamente la evidencia, de rechazar el consejo y ayuda de la oposición y de mentir descarada y deliberadamente al pueblo español, Zapatero ha tenido que bajarse los pantalones ante la presión de nuestros “tutores”, los europeos y el americano. Y aunque todo esto da para muchos artículos que no descarto, hoy sólo quiero reflexionar en voz alta desde mi condición de funcionario público y lo que ello significa. Al menos para mí.

Creo necesario revelar algunos datos que habrán de servir de antecedentes a toda reflexión posterior. Sé que cada funcionario tiene su propia historia, todas distintas, pero esta es la mía.

Aprobé mi oposición a la AEMet (Agencia Estatal de Meteorología, entonces Instituto Nacional de Meteorología) en un proceso de 6 exámenes eliminatorios que culminó en marzo de 1.991. Fui uno de los 54 “agraciados” de entre los 9.000 aspirantes, una oposición no muy masificada dado el carácter técnico de la misma pese a ser del grupo C. Para opositar a este grupo, el C (en la actualidad denominado C1), académicamente sólo es necesario estar en posesión del bachillerato superior o equivalente. En mi promoción, 53 de los 54 integrantes de la misma éramos universitarios en distinto grado, titulados o en curso, la mayoría en carreras técnicas, Ingenierías, Arquitectura –mi caso– y en Física. Sólo una persona accedió directamente desde el bachillerato y, casualmente, su pareja progenitora eran ambos –siguen siéndolo– funcionarios “de la casa”. Mi primer puesto de trabajo fue en Huelva y dos años más tarde conseguí plaza en Teruel. Después de nueve años en tierras aragonesas marché para Almagro (Ciudad Real) y hace sólo un año que estoy destinado, por fin, en Madrid. No es difícil el cálculo: trabajar en la ciudad en la que viven y siempre han vivido mi mujer y mis hijos me ha costado 18 años. Mucho más difícil es cuantificar los kilómetros y número de horas al volante que he pasado en este tiempo, desplazándome de casa al trabajo y de vuelta a casa.
Cada año cuento con mis doce salarios mensuales más dos extra, de verano y de Navidad, que son muy inferiores en cuantía pues, aunque en los últimos años se han ido incrementando, hasta ahora las “extras” sólo incluían el salario base sin complementos. Mi promoción profesional es nula, inexistente. Salvo algún imprevisto “premio” en forma de “libre designación”, lo que en lenguaje llano sería el mamoneo, el enchufe, el dedo…, que no busco ni he buscado jamás, me jubilaré exactamente en el mismo puesto de trabajo y categoría profesional que me correspondieron en 1.991. Las especiales características de la AEMet y de nuestros puestos de trabajo, de las peripecias de nuestra reciente conversión en Agencia, de la interesada y disparatada política interna de concursos y comisiones de servicio, es algo que os voy a ahorrar a mis escasos lectores por no ser de interés más que para los que lo sufrimos en primera persona.

Cuando en 1.991 tuve que desplazarme a 650 kilómetros de mi domicilio para ocupar mi puesto de trabajo no lo tomé como un castigo. La juventud me ayudó a verlo como un reto, como un ilusionante primer paso de mi carrera profesional. Cuando después de tres meses de trabajo recibí mi primera nómina, con ella recibí también el primer leñazo. Tres meses al setenta por ciento –como funcionario en prácticas se cobraba ese porcentaje– sumaban en conjunto aproximadamente la mitad de lo que yo percibía hasta entonces mensualmente en mi anterior trabajo. En la soledad de mi despacho onubense miré en todas direcciones… pero no, no había ninguna cámara oculta.

Y no sabía que estaba en mi mejor momento. Desde aquél lejano 1.991 se han sucedido invariablemente los años, uno tras otro, en los que mi incremento salarial ha sido inferior al incremento del I.P.C. Recuerdo incluso dos congelaciones. Hace un lustro, un compañero publicó en un blog interno de “meteos” el cálculo aproximado de la pérdida de nuestro poder adquisitivo. Resultó demoledor, en los veinte años anteriores superaba el 30%. De esto hace cinco años y la situación desde entonces ha empeorado. Y no digamos cuando suframos la guillotina de las próximas medidas anunciadas por Zapatero.

Por hoy ya es bastante. Vuelvo bajo mi tomillo a ver si los hados me visitan y me inspiran para próximas entregas, que me da que estoy pariendo un ladrillo.

Juanma García Gay

martes, 4 de mayo de 2010

¿Cómo se escribe solidaridad en griego?

A estas alturas a nadie se le ocurriría discutir el principio de la solidaridad; resultaría políticamente incorrecto. Nos solidarizamos con el pueblo de Haití, con los chinos damnificados por sus repetidos terremotos, con las víctimas de los últimos quince huracanes o, incluso, con las focas del Ártico. Campañas publicitarias nos invitan a colaborar con estas nuevas o viejas causas y los cansinos programas televisivos, más bien diseñados para el lucimiento y promoción de un puñado de famosillos, tratan de mover nuestras conciencias. Hasta aquí todo bien, más o menos.

Cuando se producen estas terribles catástrofes naturales es cuando hay que mostrarse más solidario, cierto, y comprendo que el estado español colabore con los medios humanos, materiales y económicos que estén a nuestro alcance. Sin embargo, cuando se trata de salvar focas o ballenas, la selva amazónica o las orquídeas de Tombuctú prefiero comprobar que la contribución es voluntaria y no estatal. ¡Caramba! ¿Por qué me acuerdo ahora de la subvención de Moratinos a los homosexuales y lesbianas de Zimbabwe?

Volviendo al tema, cuando la desgracia de un pueblo no sobreviene por causa de una catástrofe natural sino por la inoperancia y el mal hacer de sus dirigentes ¿es lícito acudir en su ayuda? ¿Debemos los europeos sufragar los desmanes de Grecia? Ahora, en el preciso instante en el que la crisis azota a Europa y el paro se ceba sobre todo con el pueblo español ¿debe nuestro estado destinar casi 10.000 millones de euros, aunque sea en forma de préstamo, a tapar agujeros griegos –con perdón– cuando aquí hace tanta falta hasta el último céntimo? ¿Qué parte de los 30.000 millones de euros que aportará el F.M.I. nos corresponde también a nosotros, a los españoles? La quiebra del estado griego resultaría una catástrofe financiera para Europa, sin duda, y esta es la razón objetiva del diseño de esta ayuda. El rescate del estado griego por parte de la Zona Euro, aún bajo la crisis económica actual, va a resultar un notable esfuerzo para el resto de estados miembros y, por extensión, para cada uno de sus ciudadanos. Pese a que nuestro infame gobierno nos asegure que la ayuda española a Grecia nos resultará beneficiosa y que “hoy” no le supone ningún coste a los españoles, lo cierto es que cualquier parado –y hay muchos– bufará echando cuentas y palpando su propio bolsillo.

Pero tras la justificación meramente financiera y ante la prevención de un agujero en el barco común que lo hundiese sin remisión, cabe también plantearse interrogantes de índole moral. ¿Cómo se evalúa la responsabilidad de unos dirigentes griegos que engañaron al resto de la Zona Euro? ¿Qué responsabilidad tiene el propio pueblo griego por votar y apoyar a un gobierno de tal calado? ¿Puede entenderse esta actuación como un “seguro de vida” para otras economías europeas que pudiesen encontrarse en situación complicada? ¿Puede ZP estar tomando un respiro?

Mañana en La Moncloa se recibe a Rajoy en la penúltima encerrona. Si Mariano se muestra cooperador y arrima el hombro, compartirá también responsabilidades ante la crisis. Si no lo hace recibirá la crítica del gobierno y la habitual demagogia socialista caerá sobre él y el partido. No hay beneficio para el PP ni perjuicio para el PSOE. En todo caso, rezo para que no sigamos el camino de nuestros amigos griegos. Muchos lo auguran.

Juanma García Gay

viernes, 30 de abril de 2010

Me morí de envidia

Aunque la fecha no es la misma para los distintos países europeos, el pasado domingo 25 de abril en Italia se celebraba el 65 aniversario del final de la II Guerra Mundial. Me pilló de sorpresa en Turín, en una pequeña escapada turística. Al caer la tarde del sábado, la Piazza Castello se fue llenando de grupos que llegaron uno a uno en su propio desfile desde distintas direcciones. Unos con banda de música, otros sólo con tambores, otros más rústicos detrás de una furgoneta con megafonía y algunos, los menos, sin acompañamiento musical. Todos ellos llevaban velas y antorchas lo que resultó un vistoso espectáculo en el crepúsculo primaveral. Allí aparecieron brigadas de resistencia del Piamonte, antiguos combatientes de distintas secciones del ejército italiano, amigos de éste o aquél grupo de resistencia, asociaciones de hijos de combatientes, de recuerdo a la memoria de la gesta de no sé qué pueblo que luchó valeroso hasta la exterminación, colegios y academias, multitud de partidos políticos e incluso, un sorprendentemente silencioso grupo de homosexuales y lesbianas (permítanme que prefiera no llamarlos gays por motivos evidentes) en tranquila marcha detrás de su furgoneta musical.

Todos llevaban sus correspondientes pancartas con su filiación y procedencia. Cientos de coloridos escudos y estandartes, banderas y banderines. Todo color y alegría. Y todos ellos, combatientes, huérfanos, amigos, políticos o sarasas, bajo la tricolor italiana. Me morí de envidia.

Cuando todos se hubieron concentrado en la plaza, ya noche cerrada, apagaron sus antorchas y los principales representantes de cada grupo se subieron a un luminoso escenario levantado al efecto. Uno a uno desgranaron su discurso. Fueron muchos y por ello breves. Me senté en un banco de piedra mientras engullía mi porción de pizza callejera y mi bote de cerveza helada. Escuché a enérgicos militares en activo, ancianos combatientes, melodiosos mariquitas, un par de periodistas y casi una decena de políticos de todo pelaje. Salvo alguno de ellos, tibiamente abucheado por lo que supuse que sería un político local, todos fueron aplaudidos con fervor. Todos aplaudieron a todos. Todos escucharon a todos. Todos celebraron el discurso de todos. Todos sin excepción, repito por si ha pasado desapercibido: TODOS SIN EXCEPCIÓN hablaron de patria, de unidad y de orgullo nacional. Me morí de envidia.

Dicen que los italianos y nosotros somos los europeos más parecidos. Incluso el idioma puede balbucearse con un pequeño esfuerzo y al poco tiempo de llegar, nosotros allí o ellos aquí. Dicen que el aceite de oliva y los vinos son primos hermanos, que un pasado íntimamente común nos une, que pese a las notables diferencias somos los latinos más latinos. Y es cierto que un español en Italia o un italiano en España se siente cómodo, muy cómodo. Pero el sábado, escuchando aquellos discursos de unidad y amor a la patria, de sentido común y de progreso, sí, de auténtico progreso… me morí de envidia.

Juanma García Gay

jueves, 8 de abril de 2010

Obsesiones

Recién celebrada la Semana Santa uno se encuentra tal vez más sensible y la vuelta a la realidad, tozuda como siempre, es un nuevo encontronazo contra este obseso que nos gobierna. Su inoperancia y manifiesta inutilidad siguen conduciéndonos por la ruta del aumento del paro y el imposible repunte en nuestra economía. En la cacareada presidencia semestral europea –en cuyo discurso inaugural el insensato de ZP anunció nada menos que su intención de liderar la recuperación económica de toda Europa, el angelico–, se multiplican los artículos en la prensa extranjera en los que, ya sin pudor alguno, se tacha a nuestro presidente de fracasado, inútil, falso, revanchista y obseso. Y aquí quería yo llegar, a esas obsesiones repetidas una y otra vez en estos fatídicos seis años y hoy tan vivas como siempre.

Todas ellas nos muestran a un ser pusilánime y reprimido cuyos aires de grandeza, caparazón en el que encierra su consciente inferioridad, le obligan a comportarse siempre buscando un lugar en la Historia. Así, ha compartido y tal vez aún comparta mantel con terroristas y asesinos, ha ensalzado la segunda República buscando la tercera, ha jugado a reescribir la historia reavivando el guerracivilismo, ha manipulado la memoria en un afán revanchista, ha pergeñado una buenista alianza planetaria imposible, ha enfrentado a hijas y padres dictando derechos de vida y muerte y, tal vez como consecuencia inmediata y lógica de todo ello, ha atacado frontalmente y sin descanso a la Iglesia Católica. Y no es extraño esto último. Los valores que infunden y defienden los católicos son precisamente los que el socialismo de ZP trata irrefrenablemente de destruir. Una sociedad desestructurada y sin valores es el campo de cultivo ideal para este diablo.

La guerra es clara: el discutible laicismo oficial se torna en un anticatolicismo deleznable. Se confunde la libertad de culto religioso –que nadie discute y menos los católicos– con un ataque certero y preciso a la religión católica y una amistosa permeabilidad hacia otros cultos, especialmente el Islam. Se prohíbe el crucifijo en centros públicos pero se tolera el velo en aras de una falsa pluralidad; se dificulta la financiación de la Iglesia Católica pero se favorece la construcción de mezquitas especialmente en Andalucía (o ¿debería escribir Al-Andalus?); se llama matrimonio a la unión de homosexuales y lesbianas en una clara actitud de provocación; se define el aborto como un derecho fundamental de la mujer despreciando el inalienable derecho a la vida del no nacido... y así un largo etcétera.

La guinda en estos días la ha protagonizado el difícilmente definible Observatorio de Laicidad con su grotesca protesta. A estos señores les molesta que a las procesiones de la Semana Santa acudan autoridades civiles y militares. Les resulta inconcebible también que a la salida y entrada de las imágenes en los templos se toque el himno nacional pues todo ello constituye “una vulneración del principio de neutralidad del Estado”. Y el sueldo de estos payasos proviene de mis impuestos.

Eliminar a Dios de la sociedad es un rotundo error. Nuestra civilización occidental está ligada irremisiblemente a la Iglesia Católica y la historia de ambas discurre conjunta a lo largo de los siglos. Los principios de nuestra tradición, principalmente encarnados en la unidad estructural de la Familia –tantas veces definida como “el pilar fundamental de la sociedad”–, en la transmisión de valores de padres a hijos, no se puede obviar. Una sociedad carente de principios y valores abre sus puertas a la autodestrucción.

martes, 9 de marzo de 2010

Democracia interna

Este fin de semana se ha producido un hecho que apenas ha sido recogido en la prensa nacional y que en mi opinión resulta una excelente noticia: la celebración del Congreso del PP balear y la elección de José Ramón Bauzá como presidente del partido en el archipiélago. Pero no me refiero en absoluto al hecho sino a cómo se ha producido: por primera vez en la historia del Partido Popular se han celebrado unas elecciones primarias en toda su extensión para elegir a un representante político por medio del voto de los afiliados.

Para ello se habilitaron 76 puntos de votación en las islas que se mantuvieron abiertos durante la jornada del sábado entre las 09:30 y las 18:00 horas. De los 19.078 militantes populares llamados a las urnas, apenas 9.259 ejercieron su derecho, lo que arroja unas cifras bastante modestas de participación: un 48.53% frente a una abstención de un 51.47%. Sin llegar a calificar la respuesta de la militancia como decepcionante como afirman algunos medios, sí es francamente mejorable. Aún falta cultura democrática y no sólo a los populares, al pueblo español en su conjunto. Los afiliados al Partido Popular deberemos acostumbrarnos a estos saludables hábitos hasta ahora desconocidos en el proceso de designación de nuestros candidatos y quiero creer que a medida que asumamos como natural el sistema, la participación irá en aumento. Todo cambio conlleva su periodo de adaptación, ciertamente, pero ya estoy ansioso por comprobar los progresos en la próxima ocasión en la que algunos de nuestros candidatos tengan la valentía de medir sus apoyos en un proceso como este. Espero y deseo que sea pronto.

Hace apenas un par de años, once compromisarios del PP del distrito de Salamanca de Madrid revolucionaron la celebración del 16 Congreso Nacional Popular, el congreso de Valencia, con su propuesta de primarias en su enmienda a los estatutos del partido en lo referente a la designación de candidatos. Tuve la enorme suerte de ser uno de ellos; fue toda una experiencia. El trabajo y la ilusión que Íñigo Henríquez de Luna, presidente del partido en el distrito y adalid de la propuesta, dedicó a la elaboración y difusión de la enmienda, fue el acicate que nos mantuvo a todos en el empeño. El revuelo mediático y la adhesión de numerosos afiliados de toda España, alimentaron nuestra esperanza de que la propuesta pudiese llegar a buen puerto. Sin embargo, la enmienda fue rechazada en el congreso pero forzó varios cambios estatutarios y quebró el rígido procedimiento anterior, algo que todos recibimos esperanzados como una pequeña victoria, una mínima contribución que entonces creímos positiva para nuestro partido.

Lo ocurrido este fin de semana con la aplicación absoluta de un sistema de elecciones primarias en el PP balear, es una excelente noticia para nuestro partido al completo y no sólo para aquellos que lo pedimos en el congreso de Valencia. Por tanto, hemos vivido sin duda una jornada histórica en la que se han abierto definitivamente las puertas de la democracia interna en el Partido Popular.

Mi más sincera enhorabuena a José Ramón Bauzá por su victoria, su legitimación y la segura satisfacción de los afiliados baleares. Y mi más viva esperanza de que cunda el ejemplo.

Juanma García Gay

miércoles, 3 de marzo de 2010

El timo de la estampita

Siempre que veo en televisión programas de cámara oculta me sorprende la facilidad con que se engaña al prójimo. Con un ápice de imaginación, la escenificación adecuada y, sobre todo, la manipulación de la buena intención inherente a la mayoría de los especímenes humanos, se agita un coctel capaz de provocar en el más pintado la reacción más absurda. Son los principios también de la prestidigitación, el universo de la ilusión. Aunque a veces ni la sofisticación es necesaria. Nada hay más sencillo y difundido que el eterno timo de la estampita y, sorprendentemente, sigue proporcionando excelentes resultados a buen número de timadores.

Aunque conscientes de su ineficacia e inutilidad, gota a gota el PSOE va creando el escenario adecuado sacudiéndose la responsabilidad y depositándola en los otros: la crisis no es tan grave como nos quiere hacer ver la derecha; el PP es un partido catastrofista que exagera para atemorizar a los ciudadanos y posicionarlos en contra del gobierno; el PP no colabora en nada, no quiere el pacto que ahora nosotros sí; el PP entorpece la labor del gobierno porque piensa que cuanto peor esté España mejores resultados electorales obtendrá…

Y, de repente, la ilusión. El pueblo se despierta y en un ataque de solidaridad y recuperación de la confianza desaparecida con la crisis, se levanta espontáneamente espoleado por un súbito y encantador optimismo que asegura que esto lo vamos a arreglar entre todos. Toma ya. Me acaban de llamar gilipollas.

Visitando la página web de esta gloriosa iniciativa, nos cuentan que “un profesional del marketing tuvo una idea hace meses, que quiso revertir la situación de desánimo que la crisis ha provocado en todos nosotros redactando un plan de acción que provocase recuperar la confianza. Lo presentó en las Cámaras de Comercio (¿cuáles?) que se entusiasmaron con el proyecto y buscaron el apoyo (y lo encontraron) de algunas de las empresas más importantes del país (¿cuáles?) que no lo dudaron y decidieron apoyar la iniciativa de forma anónima y desinteresada”. Y a estas alturas ¿alguien se cree que una empresa haga algo “de forma anónima y desinteresada”? Es justo para lo que están creadas las empresas. Y más “las más importantes del país”. “Como resultado de este apoyo empresarial se creó la Fundación Confianza con el objetivo de publicitar este lugar (supongo que se refiere a la web) e intentar hacer algo”. Así, tal cual. Qué bonito es el amor.

Tengo que felicitar al PSOE por esta iniciativa. Una vez más demuestran que sus creativos y directores de marketing se ganan excelentemente el sueldo. Millones de infelices tragarán el anzuelo (me ha sorprendido alguno de los personajes que ha brindado su apoyo a esta campaña, pero ya son mayorcitos y allá cada cual) y, una vez más, se difundirá ese mensaje “buenista” que tanto gusta al socialismo. Todos somos buenos, todos lucharemos por arreglar esta terrible situación y todos juntos, bajo el amparo santo y la luz del cielo… digo, del gobierno, lograremos salir de esta pese a los cenizos del PP.

Sin embargo nadie observará que, casualmente, la mayoría de las personas iniciadoras del proyecto son profesionales de los medios audiovisuales, la publicidad, el marketing y la comunicación. Nadie descubrirá la presencia entre ellos también de artistas, periodistas y famosos que se han posicionado públicamente en la izquierda social. Nadie se extrañará del relativo anonimato empresarial (algunas empresas aparecen como “Patronos” de la Fundación Confianza) y su falta de intención de lucro en tiempo de crisis. Nadie preguntará por la financiación de un proyecto y una Fundación que preside el antiguo director del Consejo Superior de Deportes y posterior Ministro de Comercio y Turismo, el socialista Javier Gómez-Navarro. Nadie cuestionará que proyectos de este tipo cuenten con los cuantiosos medios económicos que permiten su difusión en anuncios de televisión, prensa nacional y cuidada web, mientras que movimientos ciudadanos como Hazte Oír, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Foro Ermua o el colectivo Derecho a Vivir entre muchísimos otros, se encuentren ninguneados cuando no claramente despreciados, pues su mensaje no interesa.

Como siempre, los hilos del socialismo y su ingeniería social, el intervencionismo más descarado y la manipulación absoluta. Otro timo de la estampita.

Juanma García Gay

miércoles, 24 de febrero de 2010

Cambio en la estrategia

Hace apenas dos meses, en la rueda de prensa que Zapatero celebró el 30 de diciembre en La Moncloa, el Presidente del Gobierno de España rechazaba de plano un hipotético pacto económico con el Partido Popular porque “la economía es cuestión de ideología”. Curiosa afirmación en boca de quien demuestra no tener ni la más remota idea en materia económica –recordemos que Jordi Sevilla le iba a poner al día en “un par de tardes” – y una más que dudosa formación ideológica.

Ahora, sin haberse cumplido dos meses de aquello, todo el gobierno sin excepción y especialmente la número tres del PSOE, la portavoz Pajín, se lanzan en tromba a acusar al PP de rechazar el pacto que ellos promueven. Mariano Rajoy ha recordado que hasta en tres ocasiones lo ofreció al gobierno obteniendo siempre el rechazo por respuesta. Ahora se les llena la boca con el pacto, es la obsesión de febrero. Este cambio de actitud (me niego a pensar que la sugerencia del Rey haya resultado tan influyente y menos en los pusilánimes que nos gobiernan que no aceptan injerencia o consejo alguno) se debe a un nuevo rumbo en la estrategia. La evidencia de la crisis y la inoperancia del gobierno son irrefutables. España está en el furgón de cola en la lucha contra la crisis y sin resultado esperanzador alguno. Ni al PSOE se le escapa la crudeza de la situación y la rotundidad de la evidencia. Por tanto, sabiéndose incapaces han urdido un nuevo plan, que ni es nuevo ni es un plan, es una constante en su actuación: Voilà… ¡el ventilador!

Estos socialistas actuales que aunque inútiles son listos, van a dirigir su artillería pesada contra los populares. Ya lo advertí hace unos días y lo repito hoy. En un primer momento, ilusos, negaron la crisis. Cuando continuar con la negación resultaba patético optaron por admitirla pero atribuyendo la responsabilidad de la misma al PP. Pepiño se cansó de asegurar que lo que ahora ocurre es la consecuencia de la política especulativa del ladrillo promovida por los gobiernos de Aznar. Aunque así hubiese sido, que no lo fue, el incorreto Pepiño olvida que ellos llevan seis años a las riendas de un país que se desboca y al que no saben cambiar el rumbo. Alguna responsabilidad tendrán, digo yo.

Superada también esta fase y visto el poco calado conseguido en la opinión pública, arremeten con la siguiente máxima: “Si no salimos de la crisis no es nuestra culpa, es porque el PP no se suma al empeño y dinamita todos nuestros esfuerzos”. Con un par.

Lo lamentable es que esta interpretación del “Manual del yo no he sido (que soy bueno) y los malos son los retrógrados fascistoides del PP”, es secundada por legiones de sus votantes. ¿De verdad nos falta tanta cultura democrática en España? Tal vez sea aún la inamovible e irrazonable posición de quien no quiere ver más allá de sus narices. Hace años, durante una discusión política con una amiga votante socialista, fue repitiendo como un loro los demagógicos y falsos argumentos con los que les nutren sus ideólogos. Uno a uno, también, fui rebatiéndolos todos. Finalmente, viéndose acorralada, acabó espetando: “Bueno, vale, tal vez esté equivocada pero los tuyos han estado chupando más de 40 años, ahora nos toca a nosotros”. Rotunda argumentación ante la que poco pude razonar. La lástima es que ese “nosotros” no le incluya a ella, infeliz, que al menos algo sacaría, porque mientras tanto “nosotros” y “ellos” nos estamos yendo juntitos al fondo del abismo.

Juanma García Gay

domingo, 14 de febrero de 2010

Criterio

El criterio no es virtud muy extendida y es fácil comprobar que quien lo tiene le resulta a menudo incómodo al mediocre. El blando en la opinión o de idea voluble no es arisco, encaja casi en todo foro y, sobre todo, no hace pupa. Prefiero sin duda al primero aún sin comulgar con él. Se le ve venir. Defiende sin doblez lo que piensa. Y tiene mi respeto.

La ausencia de criterio, la indefinición y la falta de valentía –tal vez demasiado duro escribir “cobardía”– implica un carácter pusilánime que a pocos deslumbra. Y en política aún menos.

María San Gil siempre ha sido de mi agrado. Al saludarla no puedo evitar el escalofrío del recuerdo de Gregorio Ordóñez a quien no llegué a conocer, imaginándola salpicada de muerte corriendo tras el asesino. Reconozco en sus palabras la autoridad de la experiencia en la lucha contra el terror, la firmeza de su convicción y la entrega sin medidas. Reconozco en su actitud, en su salida de la primera fila del Partido Popular vasco y en su silencio, un comportamiento ejemplarmente digno. Chapeau!, María, chapeau!.

Este fin de semana María ha hablado y lo ha hecho con unas esclarecedoras declaraciones para defender “la coherencia y la dignidad” de Regina Otaola, la valiente alcaldesa de Lizarza, otro de los referentes de la política vasca. Regina fue la única que votó contra una polémica moción apoyada por el resto del PP vasco que maquillaba la crudeza de las víctimas del terrorismo definiéndolas como “víctimas de motivación política”, en un texto poco claro que equipara a asesinos y asesinados. Consecuentemente, tal vez desilusionada, ha anunciado su intención de no repetir en las listas electorales. Y pocas personas tienen la determinación, fortaleza y valentía de esta guipuzcoana.

No conozco a Basagoiti, ni personalmente ni por lo reflejado en prensa pues no es mucho. Tiene la virtud de escenificar el ansiado pacto que ha desalojado al PNV y propiciado un chorro de aire fresco en aquella maltratada tierra. Le tocó estar en el lugar oportuno en el momento adecuado. Pero no olvidemos que este logro es el fruto del antiguo y constante esfuerzo de muchos que le han precedido dejándose incluso el pellejo en ello, Ordóñez, Mayor Oreja, Iturgáiz, San Gil..., de quienes, a buen seguro, se sentirá orgulloso continuador.

Sin embargo algo me inquieta. Si personas como María o Regina no tienen cabida en el PP vasco, si desde nuestro partido en esa tierra herida mil y una veces por la barbarie terrorista se consiente maquillar el epíteto de este terror menospreciando así a sus víctimas, si se juega al perfil bajo o se cae en el buenismo por no importunar a algunos, entonces es que no se están haciendo las cosas del todo bien. No consintamos que nuestro partido pierda mensaje, firmeza y criterio, que es lo que siempre nos trajo los mejores frutos.

Juanma García Gay

viernes, 5 de febrero de 2010

Tiempo al tiempo

Esta mañana escuchaba a un famoso locutor radiofónico calificar la semana que hoy cerramos, por fin es viernes, como la semana horribilis de Zapatero y su gobierno. Y, aún compartiendo sus argumentos y la enumeración de desastres acaecidos sólo en cuatro días, yo afirmo que estamos cerrando una semana horribilis para España, y no para ZP y sus secuaces.

Me preocupa especialmente el desprestigio internacional exponencialmente creciente de nuestro país. La improvisación de este gobierno “que parecen principiantes” (Fernández Toxo dixit, tela marinera, ¡CCOO señores, CCOO!), es más que palpable. Esa forma de gobernar, lanzando globos sonda y recogiendo velas después, es algo fuera de todo Manual del Buen Gobierno y, desde luego, es sinónimo de poca preparación política, falta de ética, ausencia de ingenio, carencia de valentía, impotencia funcional e inutilidad absoluta. La contundente afirmación de Aznar, el mejor gobernante de la España demócrata le pese a quien le pese, es lapidaria: “Nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo” ¿Puede añadirse algo más?

En poco más de cinco años ZP puede apuntarse el mérito de haber afrontado con desparpajo, eso sí, más que discutibles reformas de determinados aspectos sociales, algunas de escasa o nula urgencia y menor necesidad. Aquí se encuadra la unión de homosexuales (me resisto a llamarlo matrimonio, ustedes se harán cargo), la reforma de la ley del aborto, la bienintencionada pero inacabada e ineficaz ley de dependencia… y poco más. El resto de sus logros consiste en procurar la fragmentación de España en dos planos, el territorial y el social. El primero con concesiones dudosamente constitucionales a comunidades autónomas que, incluso, se revuelven a morder su mano, y el segundo el aliento de la ruptura social con su anhelada Segunda República, su resentida y sesgada actitud revisionista de la historia y su memoria, y un malentendido laicismo atroz que esconde una abierta y declarada guerra al Cristianismo como manifestación religiosa, ética, social o histórica que, para este personaje, lo mismo da.

Sin embargo, incongruentemente, nuestro presi no se ruboriza afirmando babosamente ante Obama en el tradicional Desayuno Nacional de Oración norteamericano, que nuestro país “es eminentemente cristiano” (no continuará siéndolo gracias a su aportación al respecto, desde luego), recitando un fragmento de un libro que nunca ha leído (La Biblia) y “elevando su plegaria a favor de la paz, la libertad y el entendimiento” ¡Por Dios! ¡Si usted no sabe lo que es una plegaria, algo que implica una actitud humilde y ferviente! ¡Ya está bien de vender humo! Al menos dígale a sus asesores que busquen mejor vocabulario para sus discursos, que el diccionario de la R.A.E. es accesible incluso desde Internet. En fin, la característica falta de ética de este tipo de izquierda, una manifestación más de la política de la imagen. En esto debo admitir que ZP es un hacha, sí señor, sabe decirle a cada uno exactamente lo que quiere oír… aunque ello implique discursos antagónicos, pactos imposibles o concesiones inconstitucionales. Lo importante es contentar para en La Moncloa perdurar.

Pero volvamos al estropicio. Como decía de ZP y sus marionetas, no contentos con pasar la turmix por España, son capaces de destrozar incluso nuestro prestigio internacional. En estos cuatro días, el incesante goteo de evasión del capital extranjero y la fuga del nuestro hacia inversiones fuera de nuestras fronteras se ha hecho aún más palpable. La pérdida de confianza internacional y de sus mercados financieros hacia nuestra zozobrante España se ha hecho palpable en el hundimiento de ayer jueves del Ibex-35 nada menos que un 6%. Una consecuencia del temor internacional por la salud de nuestra economía. La nación que en 2004 se codeaba con los grandes, que llamaba con fuerza a la puerta del G-8, en apenas cinco años tiene que escuchar lastimosas comparaciones con Grecia y Portugal. No es mi intención abordar la gestión interna de estos países y su viabilidad, pero lo cierto es que todos sabemos de qué se trata y lo que conlleva esta equiparación: la certeza de la segunda velocidad. Supongo que a ZP y a los suyos no les gusta escucharlo y menos cuando proviene de alguien tan poco sospechoso como el significado socialista Joaquín Almunia, primera espada del PSOE hace apenas unos años y Comisario Europeo hoy.

Zapatero se desangra a chorros, fuera y en casa. A la ventaja de intención de voto del PP en los sondeos hay que unir su pérdida del liderazgo como político mejor valorado, que ahora recae en Rosa Díez. Los incondicionales sindicatos, vergonzosamente mudos aunque cuidadosamente engrasados vía onerosa subvención (¿algo que ver lo uno con lo otro?), no han podido continuar callados. Frente al desacierto primero anunciado, después desmentido, del retraso de la edad de jubilación hasta los 67 años, los sindicatos han avisado: si hay que movilizarse lo harán. Y ayer jueves también advirtieron al Gobierno que no osase llevar la aprobación de su improvisada reforma laboral al consejo de ministros de hoy viernes, algo que mientras escribo este artículo desconozco si han tratado. Los sindicatos están en vía de acuerdo de las reformas laborales con la CEOE, principales interlocutores, y no quieren que el Gobierno vuelva a meter la pata. Aprobar unilateralmente vía consejo de ministros cualquier reforma y más tras la promesa de pacto previo con los sindicatos, sería la enésima traición a la palabra dada, algo que ya se temen en CCOO e incluso en UGT. El simple hecho de la presentación de esta reforma laboral, después de haber negado por activa y pasiva su necesidad, vuelve a mostrar la pusilanimidad de un gobierno de mediocres.


Así las cosas, tal y como me sugiere mi amigo Luis durante el té y no le falta razón, vamos a entrar de lleno en el penúltimo episodio. Zapatero y el actual PSOE son conscientes de la grave situación actual de España y absolutamente sabedores de su incapacidad para revertirla. La única opción para alcanzar la victoria electoral en el 2012 no será el mérito propio sino el demérito ajeno. Compañeros del PP: preparémonos para lo peor. Volverán a la técnica Prestige, Yak-42, Gürtel y acusaciones por doquier. Ya calientan motores los de la ceja, los del no a la guerra y vaya usted a saber qué más. Tiempo al tiempo.

Juanma García Gay

martes, 2 de febrero de 2010

Cuando olvidamos a Dios

El pasado 27 de enero, al cumplirse el 65 aniversario de la liberación de los campos de concentración y exterminio de Auschwitz por parte del ejército rojo ruso durante la II Guerra Mundial, las páginas de los diarios se han llenado de estremecedores relatos de tan tristes episodios de nuestra historia reciente. Aún son muchos los supervivientes de aquellos terribles hechos y sus testimonios siguen constituyendo hoy una lacerante constatación de la miseria del alma humana.

Narrada la vergüenza con mayor o menor fortuna -aún hay quien niega el holocausto-, cualquiera de los relatos consigue estremecer. No transcribiré aquí las documentadas atrocidades de aquellos días, no es mi intención la recreación cruel y morbosa de aquél exterminio. Ni siquiera aportaré cifras o datos. Lo que ocurrió, terrible y dramático, debe llevarnos a la reflexión y me ahorro redactarla pues ya lo ha hecho el maestro Aleix Vidal-Quadras como certero colofón a su excelente artículo del blog Prohibido pisar las flores: “La evidencia palpable de la existencia del Mal en su máximo grado purifica y prepara para derrotarlo de nuevo porque lo que Auschwitz nos demuestra es que las tinieblas seguirán acechando, prestas a devolvernos al infierno si bajamos la guardia, aunque sea un instante, frente a su incesante ataque”.

Me pareció muy interesante y recomendable la película alemana Die Welle (La Ola, 2008) que aborda sin tapujos la realidad del liderazgo, las dictaduras y la enajenación colectiva. Una valiente reflexión del cine alemán, una nación precisamente herida por esas fieras. El film está basado en hechos reales, un esclarecedor experimento realizado en 1967 por Ron Jones, profesor de Historia en un instituto de Palo Alto, California.

No he estado aún en Auschwitz por lo que poco más puedo añadir. Sin embargo, la lectura de tantos pasajes, artículos y posts, me ha despertado sensaciones conocidas. La opresión en el pecho, la necesidad de tomar aire, suspirar y ensanchar pulmones, la espesa y ácida saliva cercana a la nausea… lo mismo que sentí hace más de veinte años en Hiroshima.

Para un joven que no alcanzaba el cuarto de siglo y que realizaba su primer viaje al extranjero, aquella fue una intensa experiencia. Tuve la suerte de pasar todo un verano en Japón con mi amigo, casi hermano, Naoki. Si la visita de aquél atractivo país ya constituía una maravillosa expectativa para mí, la realidad multiplicó por mil las más imaginadas experiencias gracias al acompañamiento de tan cercano guía y el desvelo de toda su familia. Pregunté a su entonces octogenario abuelo, hoy fallecido rondando el siglo de vida y testigo de la Guerra, acerca de su visión de aquéllos días. Nunca olvidaré su especial tono de voz, su musical cadencia y el respetuoso silencio del resto de la familia mientras cenábamos. Me transmitió algo que me inquietó pues no fui capaz de entenderlo. El pueblo japonés asumió que aquél castigo era merecido por su tradicional crueldad y su terrible comportamiento con los pueblos vecinos, sus periódicas invasiones y sus particulares “hazañas” en Corea, Rusia y China. La destrucción de Hiroshima y Nagasaki, hechos que precipitaron el final de la II Guerra Mundial, queda sumido en el subconsciente japonés como la consecuencia de una actitud vergonzosa y que, con la asunción del castigo, resulta algo también vergonzoso en sí mismo. No les gusta hablar de ello, no lo quieren recordar. Si acaso, admiten que aprendieron la lección pero prefieren idealizar a los norteamericanos como ángeles custodios que ayudaron a la reconstrucción del país tras la guerra. Aquellas explicaciones del abuelo Ishikawa, arrancadas por mis tal vez inoportunas preguntas, fueron un doloroso regalo que me brindó con el respeto y cariño del maestro que regurgita una amarga lección vital, nada que se pueda encontrar en los libros.

Días más tarde pisé Hiroshima. El impacto fue brutal. La visita del Museo de la Paz, en el Parque del mismo nombre, es una experiencia inolvidable. Tras la vivencia, toda una mañana, caminé junto a Naoki durante horas por el parque… sin dirigirle la palabra ni él a mí, en un amargo silencio imposible de explicar.

Siempre dije que aquél museo, o el de Nagasaki que visité apenas una semana más tarde, deberían ser itinerantes. Lo que guardan aquellas paredes no puede quedar sólo allí, debe salir al mundo, visitar pueblos y naciones y tocar su corazón, herir la sensibilidad de todo hombre de bien y no quedar en el avergonzado y voluntario olvido del pueblo japonés. No hay mejor lección que la vivida, la palpada con las manos, por eso yo no olvidaré jamás como tampoco olvidará quien ha respirado el denso aire de Auschwitz.

Demostrado queda que el hombre es capaz de degradar su alma y olvidar a Dios. Mantengámonos alerta.

Juanma García Gay