viernes, 13 de agosto de 2021

De dioses y chiquilicuatres

 

Tengo muchos amigos periodistas y, probablemente, alguno se va a escocer con lo que voy a escribir. Llevo unos días disfrutando como un enano ante la gran noticia del verano. Es una frase hecha, no sé cómo disfrutan los enanos pero siempre se ha dicho así y a pesar de los ofendiditos, que los habrá, no tengo ninguna intención vejatoria escribiendo dicha frase. A lo que íbamos, que me distraigo, el notición del verano. No, nada de COVID, ni del precio de la luz, ni los impuestos desbocados, ni la crisis migratoria, ni… nada de eso. Me refiero a Messi, sus lloros al dejar el barsa y sus risas en su nuevo equipo parisino, rápido consuelo el de los astros. Mi disfrute no viene de las peripecias de tan enorme jugador, de si defiende estos o aquellos colores, qué va.  Me despiporro con lo que está ocurriendo en la prensa deportiva escrita, radiofónica y televisiva de este circo llamado España.

Es evidente que un titulo universitario de licenciatura en periodismo o un grado en ciencias de la información, que de muchas formas se ha llamado a tan ilustre profesión, no te faculta para ser un gran comunicador. El don de gentes no se estudia, nadie te otorga una matrícula de honor en ello. Se tiene o no se tiene y ningún master, ninguna calificación cum laude, te garantiza el éxito ante un micrófono, una cámara o un ordenador.

Andan unos cuantos profesionales “de renombre” de los medios deportivos, muy revolucionados estos días. Ellos y los de segunda y tercera fila, esos a los que apenas se tiene en cuenta más allá que por su ruido en twitter. Están dolidos, molestos, ofendidos porque les han comido la tostada. Resulta que un chiquilicuatre, nada menos que un streamer, un youtuber, les ha dejado con el culo al aire. A todos. Olé por Ibai.

Algunos afirman que no lo entienden, otros hablan de la dignidad de la profesión, de que solo ellos (los periodistas, se entiende), pertenecen a un gremio cuya deontología les faculta para ser adalides de la verdad indiscutible, transmisores de la noticia pura, ¡oh, dioses del verbo y la inmaculada veritas!

Y dos son mis principales reflexiones al respecto. Por un lado, es evidente que la comunicación ha cambiado. La televisión cada vez tiene menos espectadores y casi todos son de edad talludita. Muchos periódicos en papel han desaparecido y los que aún subsisten lo hacen a duras penas. El oyente medio de la radio tiene una edad tan rocosa como los aficionados a la tele. Y ¿cómo se informa ahora la sociedad? Mal que nos pese a los que peinamos canas, la información circula, y a raudales, por vías digitales. Esta digitalización de la información la ha democratizado, ha colocado en el mismo plano al emisor y al receptor. Antes solo podíamos ver la televisión, escuchar la radio o leer un periódico, éramos meros receptores. Ahora cualquiera es emisor, de ahí el peligro de la calidad informativa. No solo se puede actuar como emisor sino resultar un auténtico trol que bombardea, por razones ideológicas o por mero gustirrinín, todo aquello que le apetece. Cualquier cenutrio en calzoncillos, sentado ante un mugriento teclado y un cenicero a rebosar, puede poner su huevo y convertirlo en “viral”, como ahora se dice. Nunca ha habido tanta información a nuestro alcance ni tan rápida, aunque ello implique una concienzuda labor de filtrado separando la verdad de la boñiga. Aquellos periodistas que se aferran a un micrófono, presumiendo de audiencias de 500.000 oyentes, no se han percatado de que hay youtubers con millones de seguidores que aportan información mucho más fresca y divertida. Sinceramente, contemplar la agonía del tratamiento que los medios han hecho al culebrón de Messi ha sido vomitivo. Todos se han centrado en lo mismo, el afán por lo morboso, por el dinero, por si el PSG se convertía en el equipo con más estrellas, que si el Madrid iba a pescar en río revuelto… Escuchar a Ibai ha sido un soplo de aire fresco, un tipo con un lenguaje normal, que ha sacado de Messi, hombre tímido por naturaleza, su lado más humano. Haced la prueba, lo podéis encontrar en cualquier lado en la red y comprobad que, lejos de la pasta y de la rivalidad deportiva, pasaréis un rato viendo cómo el futbolista firma unas camisetas y está de lo más relajado. Paraos a pensar que unos días antes, el propio Messi invitó a cenar a un grupo de amigos a su casa y entre ellos solo había un comunicador. ¿Algún afamado periodista? ¿Algún deontológico defensor de la verdad? Nones. Invitó a colegas futbolistas y nada menos que a Ibai. Todo dicho.

Por otro lado, y aquí mi segunda reflexión, es doloroso comprobar lo que la profesión del periodismo ha hecho en su propia contra. El desprestigio evidente y cada día más marcado, de los medios de comunicación se debe a su posicionamiento político. La prensa en España no es neutral y siempre ejerce un afán manipulador hacia el espectador, oyente o lector. El tratamiento de determinadas noticias y la ocultación de otras porque no interesan, obedece a patrones perfectamente definidos y con un evidente fin adoctrinador. Por ahí circula un vídeo, muchos lo conoceréis, en el que el ínclito Pablo Iglesias, antes de su inconcebible vicepresidencia del gobierno, afirmaba que lo único que quería era una cadena de televisión… 

Perdonad la osadía de opinar, de usar la palabra en un medio escrito y plasmar lo que me ha dado la gana. Siento si alguien se ha ofendido y más sabiendo que mis estudios universitarios no se acercaron ni por asomo al periodismo. A mis casi sesenta tacos estoy encantado de tener unos hijos que me ayudan a abrir los ojos y a disfrutar de ese mundo digital en el que ellos viven con naturalidad y por el que navegan con asombrosa fluidez. Sigo siendo un defensor a ultranza de la juventud. Tienen mucho, todo, que aportar. Y no voy a escribir la manida memez de que ellos son el futuro, evidente perogrullada, sino que son los que, hoy por hoy, manejan los hilos. Son el presente y los que no lo veamos nos quedaremos fuera.

Juanma García Gay 

viernes, 31 de julio de 2020

Cuestión de pelotas

Hace ya cinco años ¡cómo pasa el tiempo! abandoné mis modestas tareas en la política municipal, coincidiendo justamente con la llegada de yaya Manoli al consistorio de la capital en junio de 2015. Al principio lo echaba de menos, lógico, pero el paso del tiempo aporta una sana perspectiva que permite apreciar variados detalles que, inmerso entonces en la vorágine, me pasaban desapercibidos. La consabida disciplina de partido es algo curioso. No es algo que se reclame únicamente ante una votación, es un extraño compañero de viaje que sugiere (o impone directamente) y que favorece el pensamiento único... salvo que uno se mueva e irremisiblemente se vea relegado a no salir en la foto, Fonsi Guerra dixit años ha. Estando todos en un mismo, espeso e influenciador ambiente, el subconsciente juega malas pasadas: te ofuscas en las pajas de los otros, con perdón, y no te coscas de las vigas propias. Tras muchos años de trabajo, una buena temporada en dique seco y siendo consciente del número en aumento de vigas, decidí revocar mi afiliación al Partido Popular.

Al margen de esta inicial reflexión, pues la falta de práctica me atenaza y no sabía muy bien cómo empezar este artículo, diré que me aterra el presente panorama político de nuestra España. No voy a enumerar las causas por las que, en mi opinión, se debería fulminar al gobierno actual... fulminación democrática ¿eh?, que hay mucho malpensado. No me entretendré en el engaño sobre el que se creó y diariamente se sustenta el gobierno Sánchez, en la incorporación al gabinete de rancios comunistas ideología caduca y ampliamente superada, en el apoyo recabado a delincuentes, separatistas y terroristas y las hipotecas contraídas con todos ellos, en los desaires chulescos y barriobajeros de presidente y vicepresidente hacia todo aquél que no resulte de su cuerda, en la utilización arbitraria de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, en la vergonzosa manipulación y control del poder judicial mediante jueces-peones y la Fiscalía General del Estado, en el intento de supresión de la libertad de enseñanza, en la enemistad manifiesta contra la iglesia católica, en el adoctrinamiento constante desde la mayoría de los medios de comunicación, en el beneficio sistemático de amiguetes con dinero público que no es de nadie, claro, esto “lo dixit” la ínclita Carmen Calvo, a la sazón vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática del Gobierno de España, ahí queda eso… y no cuento más por interminable y aburrido. En definitiva, se trata de la evidente destrucción de España, nuestras instituciones, principios y valores.

Después del párrafo anterior, si habéis llegado hasta aquí os dejo un rato para que cojáis aire.

Retomo. Como decía, no me entretendré en ninguna de estas cualidades que adornan a nuestro gabinete. Valga, simplemente para mi deseo de fulminación y no es baladí, el hecho de su ineficacia. Se trata del Gobierno menos preparado, más tendencioso, propagandista y manipulador de la democracia. Sus repulsivos circos mediáticos son su única obsesión. El repetitivo “Aló Sánchez” durante el confinamiento, sin apenas mensaje pero interminables minutos chupando cámara así lo demuestra. No importan los muertos, solo los aplausos. Ayer a sanitarios, luego a policías y guardias civiles menos a los de Galapagar, que están muy ocupados, y hoy aplaudimos si nos rescatan y lo repetimos en el congreso aún saltándonos la norma de aforo pactada entre todos. Aplauso al fracaso. Incomprensible pero adoctrinador.

Así las cosas, y aunque no lo creáis me he contenido mucho en la enumeración, es más que comprensible el hartazgo de Santiago Abascal y su reciente anuncio de una moción de censura allá en período poscanicular. Mal que nos pese, la fuerza política que él dirige es la única que está desarrollando una verdadera oposición, seria y descarnada, sin miedos ni complejos y amparándose siempre en cuanta herramienta legal tiene a su alcance. Chapeau, Santi.

Anda que no me he enrollado hasta llegar al tema que quería tratar: la moción de censura anunciada por Vox. En el Partido Popular se han apresurado a anunciar que no la secundarán y varios de sus voceros ya entonan el mantra genovés: se trata de una moción de censura que favorece y afianza a Sánchez. Supongo que no lo han meditado en demasía: las últimas dos mociones de censura que yo recuerdo, contra el gobierno de Rajoy, no le favorecieron ni afianzaron precisamente. Va a ser que las mociones favorecen al que gobierna si este es de izquierdas y le perjudican si no lo es. En el parvulario así se llamaba en mi época, ahora ni idea desarrollé razonamientos más sólidos y trabados.

La moción de censura de Vox está abocada al fracaso; unos elementales conocimientos matemáticos lo vaticinan: no suman los votos suficientes ni de coña. Entonces ¿presentar esta moción con estos mimbres a qué cesto final pretende llevarnos? No estoy en la cabeza de Santi y, por tanto, desconozco sus motivaciones y razonamientos, pero a mí me parece una buena estrategia.

En primer lugar, se evidencia que una gran parte de España −recordemos, a pesar de que siempre se intente minimizarlo, Vox es la tercera fuerza política nacional con 52 diputados y más de 3,6 millones de votantes− está en contra del actual gobierno y su demostrada ineptitud. No creo equivocarme si afirmo que son muchos más los españoles en idéntica situación, no solo los votantes de Vox. Varias encuestas en estos días y en distintos medios así lo apuntan. Satisfaría a muchos españoles con independencia del resultado final.

En segundo lugar, soy un viejo romántico y añoro aquella época en la que el centro-derecha convivía unido bajo las mismas siglas. Un leve conocimiento de la Ley D’Hondt, el discutible sistema de proporcionalidad en el reparto de escaños utilizado por nuestra ley electoral, nos demuestra que concurrir juntos a las elecciones es mucho más favorable en número final de escaños que una alianza poselectoral, pues este sistema favorece a las formaciones más votadas. Es más que probable que una alianza de PP+Vox+C’s para acudir a unos comicios generales, fuese acreedora de la mayoría absoluta. Que estos partidos se uniesen también el próximo septiembre en la moción anunciada por Vox, mostraría un músculo muy a tener en cuenta, ilusionaría a la España que ahora contempla aterrorizada la deriva de la nación y probablemente preocuparía a la izquierda. Todo ventajas.

Por tanto, como ese viejo romántico que soy y que os anunciaba un párrafo más arriba, espero que el calor de agosto no cueza más cerebros de los ya recalentados y que se imponga la lógica. Es cuestión de remangarse. Es cuestión de definirse de una vez y dar un paso al frente. Es cuestión de pelotas… al menos las que están ahora mismo en el tejado de Génova, 13.

Juanma García Gay

miércoles, 23 de octubre de 2013

Negro absoluto



Siempre me ha sorprendido la capacidad mutante del abogado que puede ejercer de fiscal o defensor según quién se adelante a llenar sus bolsillos. Es la evidencia de la imperfección, de la volubilidad y de la perversión tanto de las leyes como del alma humana. Si nada es verdad ni mentira, si todo depende del color de una lente, de una perspectiva o interés… ¿no hay valores absolutos? Me niego a aceptarlo.

La sociedad necesita regularse, trazar normas y límites que no se deben traspasar y corregir con mano firme a quien no respete estos convenios. Habrá quien pida el ojo por ojo y quien abogue por el indulto o la falacia de la reinserción; quien ampute las manos del ladrón o ahorque al homosexual; allá cada cual con las reglas que diseña y acepta. No son más que códigos de mera aplicación mecánica: a este acto aquél castigo. Ya vendrá después, como apunté al principio, quien quiera hundir un agravante, suavizar un atenuante o diluir un eximente. De acuerdo, me lo trago, acepto que hay mil tonos de gris. Pero el negro es siempre negro. Negro absoluto.

Quien mata a sangre fría o viola a su semejante ¿mantiene unos derechos que ha quebrado en la carne de sus víctimas? Mi opinión es clara al respecto y cuando las normas de las que nos dotamos permiten que un cruel asesino, un sádico violador o el más abyecto hijo de la gran puta se beneficie aunque sólo sea de un puñado de minutos de libertad que no merece es que algo falla.

Se me ve el plumero, lo sé. Y seguro que quien de leyes entienda verá una blasfemia en mis palabras. Pero yo solo sé de sentido común, de que no se puede consentir que una hija de puta (¿me estoy repitiendo?) responsable de la muerte de 24 inocentes y condenada a 3.828 años de cárcel esté hoy caminando por la calle quizás a escasos metros de mis hijos. Sólo sé que un desecho como el Rafita, responsable de violar a una pobre disminuida y atropellarla después hasta la muerte, esté hoy conduciendo tal vez por las mismas carreteras que mi mujer o mis sobrinas. Un cabrón que es detenido recurrentemente por su reincidencia en el delito y que esta mierda de justicia (no merece una J mayúscula) también reincide en su estulticia de dejarlo suelto.

No creo en la reinserción de quien nunca ha estado dentro de la sociedad, de aquél que no se ha arrepentido de infligir tanto dolor. No creo que el que satisface sus deseos en la inocente carne de un niño merezca la libertad, que quien profana a una mujer deba pisar una calle. Las segundas oportunidades y el perdón sólo en algunos casos de gris… pero el negro es negro, negro absoluto.

Hoy quiero estar con las familias de las víctimas. Intentando imaginar, osadía la mía, el dolor que a la pérdida de sus seres queridos suman contemplando a sus asesinos en la calle. Una vez más: algo falla cuando las leyes se estrellan frontalmente con el sentido común y cuando la sociedad no es capaz de protegerse a sí misma.

Juanma García Gay

sábado, 19 de enero de 2013

Soy un corrupto



Lo confieso, soy un corrupto. Y lo soy porque milito en el Partido Popular, porque hace años me picó el gusanillo de la política, que no, que no es vocación. Ni gusanillo siquiera, es alimaña carroñera que me empuja a medrar, a llenar mis bolsillos con el esfuerzo de otros. Piso cabezas, lamo culos, asesto cuchilladas… pero todo va bien, mi cuenta engorda. ¿Remordimientos? Todos hacen lo mismo, luego estará bien; si no me lo llevo yo se lo va a llevar otro, así que…

Fui a la universidad, compaginé trabajo y estudio, aprobé una oposición que me convirtió en funcionario hace 22 años, seguí trabajando, compaginé función pública y empresa privada, me casé, tuve dos hijos, seguí trabajando, me afilié al PP, compaginé política y trabajo, acudí a campañas electorales, participé en ellas, seguí trabajando, defendí convicciones, ensobré propaganda, pegué carteles, seguí trabajando, sacrifiqué sábados y domingos en mítines y otras juergas, participé en reuniones, seguí trabajando, fui a campañas en el País Vasco, me amenazaron, tuve miedo, seguí trabajando, organicé, animé, disfruté y me abatí, seguí trabajando, compartí, debatí, fui candidato en un municipio abertzale, di la cara, seguí trabajando, compaginé trabajo, política y familia… pero soy un corrupto, lo reconozco.

Soy un corrupto porque soy político. Los políticos somos una casta, somos gente sin principios, ni valentía, ni ilusión. No tenemos más convicción que el dinero fácil, la cultura del pelotazo. Recalificamos, medramos, sobamos y templamos gaitas. Al fin y al cabo nunca hemos trabajado, solo pintamos la mona. Hay otros pardillos que lo hacen por nosotros, trabajar digo.

Me encantan las corbatas de seda y los cócteles pijos, las tertulias y las reuniones, el Ipad y jugar a Apalabrados. Bueno, Ipad no tengo pero no desespero. Igual que el golf o el padel, nunca he jugado pero pronto lo haré, soy un político.

Me veo negro para pagar la hipoteca, la universidad de mi hijo mayor, el colegio del pequeño, la luz, el agua, el gas, el metro, la gasolina. En mi familia tenemos la mala costumbre de comer y vestirnos, y coche, tenemos coche, con sus revisiones, su seguro y todo. La extra voló ¿a quién se le ocurre ser funcionario?

Soy un corrupto porque soy político y en la calle lo dicen: todos los políticos sois iguales ¿les voy a llevar yo la contraria? ¡Viva la masa inculta! ¡Viva el populacho embriagado de consignas huecas! ¡Viva la revolución! Los políticos a la guillotina, sobramos y somos el cáncer de España. Todos sin excepción.

Juanma García Gay

lunes, 10 de diciembre de 2012

Prestige sanitario

Acaba de cumplirse el décimo aniversario del hundimiento del Prestige y todos lo tenemos muy fresco en la memoria. Lo que este hecho supuso, además del desastre ecológico, fue un perfecto ejemplo de la manipulación mediática y agitación de masas por parte de la izquierda. El movimiento Nunca Mais, engendrado y alimentado desde la más rancia izquierda a la que me refiero, nunca enarboló la bandera de la razón sino la de la fibra sensible y la del populismo en su mayor dimensión. Cuando se produjo el desastre, el PSdeG y el BNG se lanzaron en una brutal campaña contra el PP al que culparon injusta y deliberadamente de una mala gestión de los hechos. Toda la experiencia agitadora de este sector político bulló generando toneladas de espuma y salpicando el sentimiento de gallegos y resto de españoles a los que se advertía de haber perdido la preciosa costa gallega de las Rías Bajas para siempre, su economía y su sustento durante generaciones… y todo ello por la irresponsabilidad única y exclusiva de la aborrecible tropa del PP, de la que se pidió el linchamiento insistentemente y sin rubor alguno. Incluso Pérez Touriño capitaneando ya el nefasto bipartito que gobernó Galicia de 2005 a 2009 quiso seguir obteniendo rédito electoral y leña del árbol caído. Para ello encargó un estudio a la afín Universidad de Santiago que, sin embargo, no pudo darle la razón. Aquél estudio avaló una por una todas las actuaciones del PP gallego y del gobierno de la nación en la gestión de la crisis y, aún más, terminó por asegurar que de no haber sido por lo acertado de estas decisiones el desastre producido por el hundimiento del Prestige podría haber resultado de dimensiones mucho mayores. La reacción de Pérez Touriño fue ocultar y vetar el informe, esconderlo porque no le interesaba que el pueblo gallego supiese la verdad… si esta no era favorable a sus intereses personales y de partido. Lamentable, sí, pero muy esclarecedor. Es el comportamiento habitual de esta izquierda inmoral que “disfrutamos” en España. Con el tiempo ha quedado al descubierto toda aquella maniobra y lo rastrero de su fundamento pero ¿se ha escuchado a algún responsable de la misma pedir disculpas en público? ¿Se ha retractado Nunca Mais de tan vergonzosa actuación si es que aún existe este colectivo?  Cuando el Tribunal de Estrasburgo o la propia Abogacía del Estado, entre muchos otros, respaldaron la gestión que el PP llevó a cabo de la crisis del Prestige nadie pió. No les interesaba reconocer su innoble manipulación y mucho menos al andar por entonces todos ellos inmersos en otro de sus afamados ejercicios: la manipulación torticera de la guerra de Irak.

En estos días estamos asistiendo a otro lamentable espectáculo de agitación, esta vez en torno a la sanidad madrileña. De nuevo se acude a la mentira y al miedo como armas arrojadizas contra el PP regional y nacional. Se amenaza a la ciudadanía con la pérdida de servicios hospitalarios, con la merma de calidad en los mismos, con el cierre de hospitales, con el ánimo de lucro de las posibles empresas adjudicatarias de la gestión de los hospitales... Es comprensible el miedo de cualquiera de nosotros al ser bombardeados con un tema tan vulnerable y personal como la salud y su atención. La maquinaria izquierdista ha encontrado una nueva punta de lanza para ganar en la calle lo que las urnas le vienen negando tozudamente y a ello se dedican con esmero.

Podría admitir un debate argumentado sobre la conveniencia o no de la gestión pública o privada de la sanidad, ésta siempre pública. Pero a lo que estamos asistiendo en las últimas semanas es a un nuevo intento de linchamiento político, sin argumentación científica ni económica y con claro interés de alarmismo social. Es, a todas luces, un Prestige sanitario.

Desde el PP se está defendiendo la gratuidad, universalidad y calidad de la sanidad madrileña pero los agitadores hacen oídos sordos y difunden una versión torcida e interesada, no acorde a la realidad. La sanidad madrileña es la mejor de España (así lo evidencian numerosos marcadores, entre ellos el índice de satisfacción de los usuarios), es la primera que garantiza la libre elección de médico y hospital. Lo cierto, y es la única premisa del PP madrileño, es que para mantener estos parámetros de gratuidad, universalidad y calidad hay que realizar cambios porque, hoy por hoy, sin ellos la sanidad madrileña tal y como la conocemos es inviable.

Se trata de aplicar la eficiencia de la gestión privada a la sanidad pública, en ningún caso de privatizar literalmente la sanidad. Se trata de hacer lo mismo que hasta ahora pero con menores recursos. Se trata de garantizar la calidad de los servicios sanitarios madrileños. Se trata de adaptarse a los nuevos tiempos y sus exigencias y no permanecer absurda e interesadamente inmovilistas.

Los detractores de estos planes e impulsores de las protestas están luchando en gran medida por mantener sus propios privilegios. No es coherente defender durante media jornada la sanidad pública aun sabiendo que es deficitaria… y utilizar la otra media para generar sustanciosos emolumentos en la sanidad privada. Según publica la prensa, los doctores Daniel Bernabeu Taboada y Cristobal López-Cortijo saben mucho al respecto.

No parece lógico que la izquierda se empeñe en denostar en Madrid lo que luego lleva a cabo donde gobierna. O ¿es que reniegan de los 17 hospitales andaluces en los que se aplican criterios de gestión privada? Seamos serios, señores de la izquierda, que está en juego la tranquilidad de muchos usuarios de la sanidad pública. Afortunadamente lo que no está ni estará en juego es su salud, al menos mientras las responsabilidades de gobierno recaigan sobre el Partido Popular.

Juanma García Gay